sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 11 - Final (Parte 2)

Lo último que recuerdo del cementerio es un fuerte dolor de cabeza y luego, oscuridad, sólo oscuridad.
Empezaba a despertarme y conforme abría los ojos, iba llegando al mundo de los vivos. Miré a mi alrededor. Nada. Silencio absoluto. Espeluznante.
No reconozco este sitio. Era como una especie de laberinto oscuro y con largos pasillos. Seguí caminado hasta que encontré una puerta. Una gran puerta de madera. Entré.
Era como una especie de habitación. Tenía un escritorio, una tele, y… una cama. Pero en la cama había alguien. Se me iluminaron los ojos, sabía quién era.
-¡Chris!
-¿Alex? ¿Eres tú? ¡¿Qué haces aquí?! ¡Tienes que irte! ¡Ahora mismo!
-Ni loco, he estado como loco buscándote todo este tiempo y cuando te encuentro, ¿me dices que me marche? ¡Ni hablar!
-Tío, tu no lo entiendes. Tienes que irte antes de que ella vuelva.
-¿Ella? ¿Quién, Leire? Ya lo se todo….
-No, todo no lo sabes cariñito
-¡Leire!
-No, Leire por favor déjalo march…
-¡Cállate estúpido! Esto no va contigo.
-¡No le hables así a Chris!
-¿Qué no le hable cómo? ¿Diciéndole lo que es? ¿No me crees? Pregúntale a él.
Chris bajó la cabeza y no articuló palabra.
-Me da igual lo que él sea. Él es mi amigo y le quiero. No como tú, falsa. Me das asco Leire.
-¿Qué te doy asco? Eso no me lo decías después de cada beso. Y ¿tú amigo? Vamos, él no siente nada por nadie. Bueno, a lo mejor ahora sí.
-¿Qué dices? ¿De qué hablas?
-Chris ha estado siempre de mi lado.
-¿Qu-Qué? No, mientes. Es mentira. Él es mi amigo. Siempre lo ha sido.
-De eso nada, Alex. Él siempre ha estado bajo mis órdenes. Obedeciendo cada una de mis palabras sin rechistar.
-¿Es eso verdad, Chris?
-Yo…Yo lo siento mucho, Alex. No quiero hacerte daño.
-Te lo he dicho, Alex. Nadie te quiere.
-¿Pero por qué haces todo esto?
-Chris lo hace porque es lo que tiene que hacer. Porque él es mi hermano. Así como James era el tuyo.
Las palabras de Leire entraron en mi cabeza, pero no fueron asimiladas hasta pasados un buen rato. Leire y Chris eran hermanos. ¿Yo y James también? No, no puede ser. Si así fuera, ¿cómo es que nunca me lo habían dicho? No, no puede ser.
-¡Mientes! No puede ser. Me quieres confundir.
-El pobre. ¿Quieres que te lo expliquemos todo? Chris, hazlo tú. Me aburre mucho esa historia.
-T-Tu sabes lo de Mario y Ana ¿no? Bueno, pues cuando Ana se enteró de que Mario tenía un hijo con otra, ella abandonó a Mario y  se llevó a James con ella. Mario se quedó solo con su nuevo bebé y con Leire. Yo soy el hijo de Mario. Y tú eres el hijo de Ana. En realidad, Leire no es hijo de Mario ni de Ana. Ellos la encontraron después de tener a James. Después pasó todo lo de las infidelidades, y Ana se lo contó todo a James. James lo único que podía hacer era esperarte.
Paró para ver si me estaba enterando. Como vio que no dije nada, prosiguió.
-Pero Ana decidió darte en adopción y volver con Mario y aceptarme como suyo. Pero Mario había decidido no reconocerme y dejarme con mi madre. Fueron pasando los años. A ti ya te habían adoptado. Pero por casualidad te mudaste a la misma ciudad que James y el destino quiso cruzaros en el colegio. Os fuiste haciendo muy amigos y una día, Ana te reconoció y se lo contó a James. A partir de ahí James fue haciéndose mucho más tu amigo hasta que os considerabais como lo que erais, como hermanos. Y después de unos años, el murió trágicamente en ese accidente.
-Se llaman accidentes si no son intencionados –dijo Leire.
-¿Qué quieres decir? No querrás decir…
-Sí, yo maté a James.
-¡Eres una maldita loca! ¡Era la mejor persona del mundo! ¡Er-Era tu hermano!
-¡NO! No era mi hermano. Nunca lo fue. Me dejó de lado por tu culpa. Sufrí durante toda mi niñez porque veía que mi hermano no me hacia ni puto caso. ¡Todo por tu maldita culpa!
-¡Yo no sabía nada, Leire!
-Me da igual. Tú tuviste la culpa de mi infelicidad, y ahora lo vas a pagar.
-Me da igual lo que me hagas. No podrás hacerme más daño del que ya me has hecho. Chris, si tú has estado con ella, ¿por qué ahora te tiene encerrado?
-Eso, hermanito, respóndele.
-Y-Yo solo… Bueno, es verdad que al principio estaba de su parte, pero conforme te iba conociendo, no me atrevía a seguir sus planes. Me hacía echarte somníferos en las bebidas en las fiestas para luego decirte que habías bebido y que le habías fallado a James, pero hace mucho que dejé de ayudarla a ella y te empecé a ayudar a ti.
-¿Eras tú?
-Sí, era yo. Antes de que Leire me encerrara, te lo iba a contar todo, porque ya no podía seguir traicionándote, porque yo…yo…
-Él se enamoró de ti.
-¿Es eso verdad, Chris?
-Sí, Alex. Me enamoré de ti. Y sigo muy enamorado de ti. Lo siento.
-Bueno, nadie puede elegir de quien se enamora.
-Oh, siento interrumpir esta bonita escena, parejita, pero estas aquí para que me vengue ¿recuerdas?
-¡Estúpida!
-Yo tu me tranquilizaría.
De repente, Leire giró hasta un estante. Lo abrió y de ahí saco un revolver.
-Bueno, espero que te lo sigas pasando tan bien como antes con tu querido hermanito en el infierno.
Lo último que oí fue un disparo. Los ojos se me cerraron. Caí al suelo. No sentía ningún dolor. Cuando volví a abrir los ojos, me miré todo el cuerpo. Ni rastro del disparo. Miré a Leire a los ojos. Parecía aterrada. Miré hacia el suelo. Chris estaba botado en el suelo. Estaba sangrando muchísimo. Se había interpuesto entre la bala y yo.
Caí de rodillas. Le pasé mi mano izquierda por su nuca y la derecha por su estómago, apretándolo con fuerza hacia mí.
-Esa bala era para mí. No puedo cargar con dos muertes en mi mente.
-Es-Esto no es cul-culpa tuya, Alex. Te quiero, y daría m-mi vida de un-nuevo si fuese ne-necesario para salvar l-la tuya.
-¿Ya estas contenta Leire? Mataste a James y ahora a Chris. ¿Quieres acabar con todos tus hermanos? Te odio. Cuando recuerdo nuestros falsos besos, me dan ganas de vomitar. Me das asco Leire. ¡Asco!
Calló también ella de rodillas junto a Chris. Parecía que lo quería de verdad.
-Lo siento mucho hermanito. Te pondrás bien. Te quiero. No te mueras por favor.
-Le-Leire, ¿ves lo que a traído tu ve-venganza? Solo más dolor hermanita.
Entonces ella se levantó. Cogió la pistola del suelo. Me apunto.
-¡Venga, hazlo de una maldita vez! Ya no hay nadie que de su vida por la mía. ¡Dispara!
-Lo siento mucho, Alex.
Entonces se llevó la pistola a su cabeza y apretó el gatillo.
-Me-Mejor así. No creo que p-pudiese aguantar mi mu-muerte.
-No digas eso, Chris. Te pondrás bien. Ya lo verás.
-N-no Alex, ha llegado mi hora.
Entonces me dejé llevar y le besé. No sé porque lo hice, pero lo hice. Le besé.
-Me alegro d-de no haber muerto sin p-probar esos labios con l-los q-que tanto había soñado. Te quiero, Alex.
Y esas fueron sus últimas palabras.




Revenge- Kevin Mora Valeriano