Lo último que
recuerdo del cementerio es un fuerte dolor de cabeza y luego, oscuridad, sólo
oscuridad.
Empezaba a
despertarme y conforme abría los ojos, iba llegando al mundo de los vivos. Miré
a mi alrededor. Nada. Silencio absoluto. Espeluznante.
No reconozco
este sitio. Era como una especie de laberinto oscuro y con largos pasillos.
Seguí caminado hasta que encontré una puerta. Una gran puerta de madera. Entré.
Era como una
especie de habitación. Tenía un escritorio, una tele, y… una cama. Pero en la
cama había alguien. Se me iluminaron los ojos, sabía quién era.
-¡Chris!
-¿Alex? ¿Eres tú?
¡¿Qué haces aquí?! ¡Tienes que irte! ¡Ahora mismo!
-Ni loco, he
estado como loco buscándote todo este tiempo y cuando te encuentro, ¿me dices
que me marche? ¡Ni hablar!
-Tío, tu no lo
entiendes. Tienes que irte antes de que ella vuelva.
-¿Ella? ¿Quién,
Leire? Ya lo se todo….
-No, todo no lo
sabes cariñito
-¡Leire!
-No, Leire por
favor déjalo march…
-¡Cállate
estúpido! Esto no va contigo.
-¡No le hables
así a Chris!
-¿Qué no le
hable cómo? ¿Diciéndole lo que es? ¿No me crees? Pregúntale a él.
Chris bajó la
cabeza y no articuló palabra.
-Me da igual lo
que él sea. Él es mi amigo y le quiero. No como tú, falsa. Me das asco Leire.
-¿Qué te doy
asco? Eso no me lo decías después de cada beso. Y ¿tú amigo? Vamos, él no
siente nada por nadie. Bueno, a lo mejor ahora sí.
-¿Qué dices? ¿De
qué hablas?
-Chris ha estado
siempre de mi lado.
-¿Qu-Qué? No,
mientes. Es mentira. Él es mi amigo. Siempre lo ha sido.
-De eso nada,
Alex. Él siempre ha estado bajo mis órdenes. Obedeciendo cada una de mis
palabras sin rechistar.
-¿Es eso verdad,
Chris?
-Yo…Yo lo siento
mucho, Alex. No quiero hacerte daño.
-Te lo he dicho,
Alex. Nadie te quiere.
-¿Pero por qué
haces todo esto?
-Chris lo hace
porque es lo que tiene que hacer. Porque él es mi hermano. Así como James era
el tuyo.
Las palabras de
Leire entraron en mi cabeza, pero no fueron asimiladas hasta pasados un buen
rato. Leire y Chris eran hermanos. ¿Yo y James también? No, no puede ser. Si
así fuera, ¿cómo es que nunca me lo habían dicho? No, no puede ser.
-¡Mientes! No
puede ser. Me quieres confundir.
-El pobre.
¿Quieres que te lo expliquemos todo? Chris, hazlo tú. Me aburre mucho esa historia.
-T-Tu sabes lo
de Mario y Ana ¿no? Bueno, pues cuando Ana se enteró de que Mario tenía un hijo
con otra, ella abandonó a Mario y se
llevó a James con ella. Mario se quedó solo con su nuevo bebé y con Leire. Yo
soy el hijo de Mario. Y tú eres el hijo de Ana. En realidad, Leire no es hijo
de Mario ni de Ana. Ellos la encontraron después de tener a James. Después pasó
todo lo de las infidelidades, y Ana se lo contó todo a James. James lo único
que podía hacer era esperarte.
Paró para ver si
me estaba enterando. Como vio que no dije nada, prosiguió.
-Pero Ana
decidió darte en adopción y volver con Mario y aceptarme como suyo. Pero Mario
había decidido no reconocerme y dejarme con mi madre. Fueron pasando los años.
A ti ya te habían adoptado. Pero por casualidad te mudaste a la misma ciudad
que James y el destino quiso cruzaros en el colegio. Os fuiste haciendo muy
amigos y una día, Ana te reconoció y se lo contó a James. A partir de ahí James
fue haciéndose mucho más tu amigo hasta que os considerabais como lo que erais,
como hermanos. Y después de unos años, el murió trágicamente en ese accidente.
-Se llaman
accidentes si no son intencionados –dijo Leire.
-¿Qué quieres
decir? No querrás decir…
-Sí, yo maté a
James.
-¡Eres una
maldita loca! ¡Era la mejor persona del mundo! ¡Er-Era tu hermano!
-¡NO! No era mi
hermano. Nunca lo fue. Me dejó de lado por tu culpa. Sufrí durante toda mi
niñez porque veía que mi hermano no me hacia ni puto caso. ¡Todo por tu maldita
culpa!
-¡Yo no sabía
nada, Leire!
-Me da igual. Tú
tuviste la culpa de mi infelicidad, y ahora lo vas a pagar.
-Me da igual lo
que me hagas. No podrás hacerme más daño del que ya me has hecho. Chris, si tú
has estado con ella, ¿por qué ahora te tiene encerrado?
-Eso, hermanito,
respóndele.
-Y-Yo solo…
Bueno, es verdad que al principio estaba de su parte, pero conforme te iba
conociendo, no me atrevía a seguir sus planes. Me hacía echarte somníferos en
las bebidas en las fiestas para luego decirte que habías bebido y que le habías
fallado a James, pero hace mucho que dejé de ayudarla a ella y te empecé a
ayudar a ti.
-¿Eras tú?
-Sí, era yo. Antes
de que Leire me encerrara, te lo iba a contar todo, porque ya no podía seguir
traicionándote, porque yo…yo…
-Él se enamoró
de ti.
-¿Es eso verdad,
Chris?
-Sí, Alex. Me
enamoré de ti. Y sigo muy enamorado de ti. Lo siento.
-Bueno, nadie
puede elegir de quien se enamora.
-Oh, siento
interrumpir esta bonita escena, parejita, pero estas aquí para que me vengue
¿recuerdas?
-¡Estúpida!
-Yo tu me
tranquilizaría.
De repente,
Leire giró hasta un estante. Lo abrió y de ahí saco un revolver.
-Bueno, espero
que te lo sigas pasando tan bien como antes con tu querido hermanito en el
infierno.
Lo último que oí
fue un disparo. Los ojos se me cerraron. Caí al suelo. No sentía ningún dolor.
Cuando volví a abrir los ojos, me miré todo el cuerpo. Ni rastro del disparo.
Miré a Leire a los ojos. Parecía aterrada. Miré hacia el suelo. Chris estaba
botado en el suelo. Estaba sangrando muchísimo. Se había interpuesto entre la
bala y yo.
Caí de rodillas.
Le pasé mi mano izquierda por su nuca y la derecha por su estómago, apretándolo
con fuerza hacia mí.
-Esa bala era
para mí. No puedo cargar con dos muertes en mi mente.
-Es-Esto no es
cul-culpa tuya, Alex. Te quiero, y daría m-mi vida de un-nuevo si fuese
ne-necesario para salvar l-la tuya.
-¿Ya estas
contenta Leire? Mataste a James y ahora a Chris. ¿Quieres acabar con todos tus
hermanos? Te odio. Cuando recuerdo nuestros falsos besos, me dan ganas de
vomitar. Me das asco Leire. ¡Asco!
Calló también
ella de rodillas junto a Chris. Parecía que lo quería de verdad.
-Lo siento mucho
hermanito. Te pondrás bien. Te quiero. No te mueras por favor.
-Le-Leire, ¿ves
lo que a traído tu ve-venganza? Solo más dolor hermanita.
Entonces ella se
levantó. Cogió la pistola del suelo. Me apunto.
-¡Venga, hazlo
de una maldita vez! Ya no hay nadie que de su vida por la mía. ¡Dispara!
-Lo siento
mucho, Alex.
Entonces se
llevó la pistola a su cabeza y apretó el gatillo.
-Me-Mejor así.
No creo que p-pudiese aguantar mi mu-muerte.
-No digas eso,
Chris. Te pondrás bien. Ya lo verás.
-N-no Alex, ha
llegado mi hora.
Entonces me dejé
llevar y le besé. No sé porque lo hice, pero lo hice. Le besé.
-Me alegro d-de
no haber muerto sin p-probar esos labios con l-los q-que tanto había soñado. Te
quiero, Alex.
Y esas fueron
sus últimas palabras.
Revenge- Kevin Mora Valeriano
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