sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 11 - Final (Parte 2)

Lo último que recuerdo del cementerio es un fuerte dolor de cabeza y luego, oscuridad, sólo oscuridad.
Empezaba a despertarme y conforme abría los ojos, iba llegando al mundo de los vivos. Miré a mi alrededor. Nada. Silencio absoluto. Espeluznante.
No reconozco este sitio. Era como una especie de laberinto oscuro y con largos pasillos. Seguí caminado hasta que encontré una puerta. Una gran puerta de madera. Entré.
Era como una especie de habitación. Tenía un escritorio, una tele, y… una cama. Pero en la cama había alguien. Se me iluminaron los ojos, sabía quién era.
-¡Chris!
-¿Alex? ¿Eres tú? ¡¿Qué haces aquí?! ¡Tienes que irte! ¡Ahora mismo!
-Ni loco, he estado como loco buscándote todo este tiempo y cuando te encuentro, ¿me dices que me marche? ¡Ni hablar!
-Tío, tu no lo entiendes. Tienes que irte antes de que ella vuelva.
-¿Ella? ¿Quién, Leire? Ya lo se todo….
-No, todo no lo sabes cariñito
-¡Leire!
-No, Leire por favor déjalo march…
-¡Cállate estúpido! Esto no va contigo.
-¡No le hables así a Chris!
-¿Qué no le hable cómo? ¿Diciéndole lo que es? ¿No me crees? Pregúntale a él.
Chris bajó la cabeza y no articuló palabra.
-Me da igual lo que él sea. Él es mi amigo y le quiero. No como tú, falsa. Me das asco Leire.
-¿Qué te doy asco? Eso no me lo decías después de cada beso. Y ¿tú amigo? Vamos, él no siente nada por nadie. Bueno, a lo mejor ahora sí.
-¿Qué dices? ¿De qué hablas?
-Chris ha estado siempre de mi lado.
-¿Qu-Qué? No, mientes. Es mentira. Él es mi amigo. Siempre lo ha sido.
-De eso nada, Alex. Él siempre ha estado bajo mis órdenes. Obedeciendo cada una de mis palabras sin rechistar.
-¿Es eso verdad, Chris?
-Yo…Yo lo siento mucho, Alex. No quiero hacerte daño.
-Te lo he dicho, Alex. Nadie te quiere.
-¿Pero por qué haces todo esto?
-Chris lo hace porque es lo que tiene que hacer. Porque él es mi hermano. Así como James era el tuyo.
Las palabras de Leire entraron en mi cabeza, pero no fueron asimiladas hasta pasados un buen rato. Leire y Chris eran hermanos. ¿Yo y James también? No, no puede ser. Si así fuera, ¿cómo es que nunca me lo habían dicho? No, no puede ser.
-¡Mientes! No puede ser. Me quieres confundir.
-El pobre. ¿Quieres que te lo expliquemos todo? Chris, hazlo tú. Me aburre mucho esa historia.
-T-Tu sabes lo de Mario y Ana ¿no? Bueno, pues cuando Ana se enteró de que Mario tenía un hijo con otra, ella abandonó a Mario y  se llevó a James con ella. Mario se quedó solo con su nuevo bebé y con Leire. Yo soy el hijo de Mario. Y tú eres el hijo de Ana. En realidad, Leire no es hijo de Mario ni de Ana. Ellos la encontraron después de tener a James. Después pasó todo lo de las infidelidades, y Ana se lo contó todo a James. James lo único que podía hacer era esperarte.
Paró para ver si me estaba enterando. Como vio que no dije nada, prosiguió.
-Pero Ana decidió darte en adopción y volver con Mario y aceptarme como suyo. Pero Mario había decidido no reconocerme y dejarme con mi madre. Fueron pasando los años. A ti ya te habían adoptado. Pero por casualidad te mudaste a la misma ciudad que James y el destino quiso cruzaros en el colegio. Os fuiste haciendo muy amigos y una día, Ana te reconoció y se lo contó a James. A partir de ahí James fue haciéndose mucho más tu amigo hasta que os considerabais como lo que erais, como hermanos. Y después de unos años, el murió trágicamente en ese accidente.
-Se llaman accidentes si no son intencionados –dijo Leire.
-¿Qué quieres decir? No querrás decir…
-Sí, yo maté a James.
-¡Eres una maldita loca! ¡Era la mejor persona del mundo! ¡Er-Era tu hermano!
-¡NO! No era mi hermano. Nunca lo fue. Me dejó de lado por tu culpa. Sufrí durante toda mi niñez porque veía que mi hermano no me hacia ni puto caso. ¡Todo por tu maldita culpa!
-¡Yo no sabía nada, Leire!
-Me da igual. Tú tuviste la culpa de mi infelicidad, y ahora lo vas a pagar.
-Me da igual lo que me hagas. No podrás hacerme más daño del que ya me has hecho. Chris, si tú has estado con ella, ¿por qué ahora te tiene encerrado?
-Eso, hermanito, respóndele.
-Y-Yo solo… Bueno, es verdad que al principio estaba de su parte, pero conforme te iba conociendo, no me atrevía a seguir sus planes. Me hacía echarte somníferos en las bebidas en las fiestas para luego decirte que habías bebido y que le habías fallado a James, pero hace mucho que dejé de ayudarla a ella y te empecé a ayudar a ti.
-¿Eras tú?
-Sí, era yo. Antes de que Leire me encerrara, te lo iba a contar todo, porque ya no podía seguir traicionándote, porque yo…yo…
-Él se enamoró de ti.
-¿Es eso verdad, Chris?
-Sí, Alex. Me enamoré de ti. Y sigo muy enamorado de ti. Lo siento.
-Bueno, nadie puede elegir de quien se enamora.
-Oh, siento interrumpir esta bonita escena, parejita, pero estas aquí para que me vengue ¿recuerdas?
-¡Estúpida!
-Yo tu me tranquilizaría.
De repente, Leire giró hasta un estante. Lo abrió y de ahí saco un revolver.
-Bueno, espero que te lo sigas pasando tan bien como antes con tu querido hermanito en el infierno.
Lo último que oí fue un disparo. Los ojos se me cerraron. Caí al suelo. No sentía ningún dolor. Cuando volví a abrir los ojos, me miré todo el cuerpo. Ni rastro del disparo. Miré a Leire a los ojos. Parecía aterrada. Miré hacia el suelo. Chris estaba botado en el suelo. Estaba sangrando muchísimo. Se había interpuesto entre la bala y yo.
Caí de rodillas. Le pasé mi mano izquierda por su nuca y la derecha por su estómago, apretándolo con fuerza hacia mí.
-Esa bala era para mí. No puedo cargar con dos muertes en mi mente.
-Es-Esto no es cul-culpa tuya, Alex. Te quiero, y daría m-mi vida de un-nuevo si fuese ne-necesario para salvar l-la tuya.
-¿Ya estas contenta Leire? Mataste a James y ahora a Chris. ¿Quieres acabar con todos tus hermanos? Te odio. Cuando recuerdo nuestros falsos besos, me dan ganas de vomitar. Me das asco Leire. ¡Asco!
Calló también ella de rodillas junto a Chris. Parecía que lo quería de verdad.
-Lo siento mucho hermanito. Te pondrás bien. Te quiero. No te mueras por favor.
-Le-Leire, ¿ves lo que a traído tu ve-venganza? Solo más dolor hermanita.
Entonces ella se levantó. Cogió la pistola del suelo. Me apunto.
-¡Venga, hazlo de una maldita vez! Ya no hay nadie que de su vida por la mía. ¡Dispara!
-Lo siento mucho, Alex.
Entonces se llevó la pistola a su cabeza y apretó el gatillo.
-Me-Mejor así. No creo que p-pudiese aguantar mi mu-muerte.
-No digas eso, Chris. Te pondrás bien. Ya lo verás.
-N-no Alex, ha llegado mi hora.
Entonces me dejé llevar y le besé. No sé porque lo hice, pero lo hice. Le besé.
-Me alegro d-de no haber muerto sin p-probar esos labios con l-los q-que tanto había soñado. Te quiero, Alex.
Y esas fueron sus últimas palabras.




Revenge- Kevin Mora Valeriano

lunes, 16 de septiembre de 2013

Capítulo 11 - Final (Parte 1)

No pude dormir. No dejé de pensar en ningún momento quienes son los hermanos de Leire y James.
Sobre las 8 de la mañana recibí una llamada. Era Leire.
-H-Hola cariño
-Hola, Alex.
-¿Y esta llamadita tan temprano?
-No sé, he tenido muy mala noche y quería oír tu voz.
-¿Y qué te ronda por esa cabecita que no te ha dejado dormir?
-No sé, es que hoy es el cumpleaños de James y ya sabes… le echo mucho de menos.
Ostias!!! El cumpleaños de James. Claro, con todo esto de que su hermana me odia, se me había pasado.
-No se te habrá olvidado, ¿no?
-Por supuesto que no, cari.
-Bueno, pensé que te gustaría que fuéramos juntos a llevarle flores a su tumba, si te parece.
-Claro que sí. ¿Te recojo a las 12:00?
-Vale. Yo compro las flores.
-Vale cariño. Hasta después.
-Adiós.

Como se me había podido olvidar el cumpleaños de James.
Bueno, todavía quedaban unas horas, así que empecé a prepararme. Mientras me duchaba, pensaba en como Leire me había hablado por teléfono. Su voz no sonaba como siempre. Aunque se quiera vengar de mi, creo que le duele recordar a su hermano.
Bajé a la cocina, me hice unas tostadas y salí a buscar a Leire. Como todavía eran las 11:00 me di una vuelta por la casa de Chris. Todo estaba como siempre. Acordonado por la policía. Pero me di cuenta de que la puerta tenía el cordón policial roto. Entré.
No se me podía haber ocurrido peor idea. En cuanto entré, me fijé en todas las fotos que tenía la familia. Fotos de Chris, de sus padres… Subí a su habitación. Pocas veces había estado allí. Normalmente quedábamos en mi casa. Su habitación no estaba como yo la recordaba. Ahora estaba llena de fotos nuestras. Por todas partes.
Con las lágrimas en los ojos, salí de la casa y me fui a la de Leire. Ella me esperaba en la puerta.
-Hola cariño.
-Hola, Leili.
Me dio el beso más falso que alguien podía dar. A lo mejor siempre eran así y no lo había notado hasta ahora.
-¿Qué tal estás, cariño?
-Bueno, creo que bien. Todavía no me acostumbro a pasar por su habitación y que no esté su música a todo volumen.
-Sí. Te acuerdas aquella vez…
-No, no me hagas recordar momentos con él porque no sé si los podré soportar.
-Vale, vamos.
Fuimos en silencio durante todo el camino. Y, creo que, aunque quisiésemos decir algo, no nos hubieran salido las palabras.
Llegamos al cementerio. Caminamos hacia su tumba. Pusimos las flores y nos quedamos en silencio mirándola durante más de media hora. Yo no hacía más que recordar cada momento vivido con él. Todos felices.
Empecé a notar que Leire ya no aguantaba más y, aún sabiendo lo que quería hacerme, la abracé. Lloró desconsoladamente sobre mi hombro. Intenté no llorar yo también. No delante d ella.
-Bueno, vamos yéndonos ya –dijo mientras se secaba las lágrimas con la manga de su suéter-.
-Sí, vamos.

Y entonces, empezó todo.

domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 10

Pasé varios días en mi cuarto, solo con mis pensamientos. Mi hermano no me molestaba por que había ido a casa de mi primo Israel.
Oí que entraba alguien a casa muy alborotado.
-¡Enano! Cuanto tiempo...
-Cállate imbécil.
-¡Thomas, no le hables así a tu hermano!
-¡Déjame en paz mamá!
-¿Th-Thomas?
Se fue a su habitación dando un portazo.
-¿Qué le ha pasado mamá?
-Alex, tu primo Israel...
-¿Si?
-Está ingresado en el hospital.
-¡¿Por qué?!
-Estaba jugando con tu hermano, y no se sabe como acabó con la cabeza abierta por el impacto de una piedra. No se sabe que pasó. Tu hermano no dice nada. Está muy nervioso...
-Pero, ¿está fuera de peligro?
-Tienen que hacerle unas pruebas. Todavía los médicos no sabe que decir.
-Voy ahora mismo a verle al hospital. ¿En cual está?
-No, Alex. Mejor no.
-¿Cómo que no mamá? Es mi primo, quiero ir a verlo.
-Alex, es que tus tíos creen que ha sido Thomas, y no quieren que nadie de la familia vaya a verle.
-¿Qué dices?¿Cómo pueden pensar eso?
-Tu padre hablará con ellos cuando vuelva del trabajo.
-Vale.
Subí a mi habitación.
Con todo esto que me ha pasado no me di cuenta. ¡HOY ES LUNES!
Mañana, según lo que le oí a Leire, se vengará de mi.
-Que bien me vendría ahora una llamadita de esa voz.
Y como si me hubiese oido (que es lo que probablemente ocurrió), sonó mi teléfono.
-Hola.
-Hola, Alex. Por lo que veo, has descubierto unas cuantas cosas tu solo, ¿no?
-Pues si. aunque todavía no las consigo unir...
-Yo te ayudo. A ver, Leire se quiere vengar. ¿Por qué? Por algo que sucedió hace dos años.
-¿El accidente de James?
-Casi. No por el accidente, sino por tu relación con James.
-¿Por mi relación con James?
-Ahora no lo entenderás, pero lo harás muy pronto.
-Vale. En la llamada que le oí a Leire, ella llamaba hermanito a la persona que estaba al otro lado del teléfono.
-Ah, si. La persona que estaba al otro lado es su hermano.
-¡¿Qué?! Pero no puede ser. James era su único hermano. Porque... James, James está mu-muerto, ¿verdad?
-Si. Por desgracia, James está muerto. Pero ese hermano es hijo solamente de Mario. Mario le fue infiel a Ana después de tener a James. Ana no lo sabía. Pero pasados unos años, la chica a la que dejó embarazada regresó con su niño para que Mario se hiciera cargo. Éste no lo reconoció, pero Ana lo descubrió todo y decidió marcharse. En ese tiempo, Ana quedó embarazada, pero decidió darlo en adopción. Ése es el chico que oíste hablar con Leire la otra vez
-Entonces, ¿Leire y James tienen dos hermano más?
-Exacto.
-¿James lo sabía?
-El día del accidente fue cuando lo descubrió todo. Cuando te llamó para ir aquella fiesta, Decidió beber hasta olvidar. Y por eso tuvo el accidente.
-Pero no entiendo, ¿que tengo que ver yo con todo eso?
-Esos hermano son...
-¿Si? ¿Hola? ¿Quiénes son?
-Joder, ahora no.
¿Y que hago yo ahora? Tengo que hablar con Leire. Pero no puedo, se supone que no se nada de la venganza...
Lo dejaré estar, a ver que pasa mañana....

sábado, 6 de julio de 2013

Capítulo 9

Me quedé pensando en posibles responsables del secuestro de Chris, pero no se me ocurría nadie.
Como todavía eran las diez, me puse a ver un rato la tele en mi cuarto. Pronto, me aburrí y me puse a jugar con la consola. Cuando estaba por poner el juego, me acordé de que con quién había jugado por última vez, había sido con Chris. La apagué de inmediato.
-¿Chris, dónde estás, tío?
Me dejé dormir.
Me despertó el sonido de mi móvil.
-¿Diga?
-Hola, amor. Espero no haberte despertado cariño.
-Tranquila cari, Tenía puesta la alarma para dentro de 10 minutos o sea que…- mentí.
-Ah, vale, precioso. ¿Quieres que pase por tu casa para estar un rato juntos?
-Va-vale, Leili.
-Ahora nos vemos, tontito.
-Te quiero cariño.
Me fui al armario. Tenía que buscar algo para ponerme. En este aspecto, soy como una mujer. O por lo menos, como las chicas que salen en las películas que tienen su armario lleno de ropa y cosas así. Me encanta la ropa. Me puse una camiseta gris. Con una camisa de botones abierta azul. Unos vaqueros azul marinos y unas preciosas Vans azules claras. Son mis favoritas.
Preparé un buen desayuno. Unas tostadas con Nutella, un zumo de naranja natural y bajé a la panadería a por unos croissants.
Llegó por fin Leire. Estaba preciosa. Me quedé embobado en la puerta unos segundos hasta que se abalanzó sobre mí y me beso.
-¿Todavía sigues cocinando, cariño?
-Sí. Es una de las cosas que más me gustan.
-Me alegro, se te da muy bien.
Le tenía preparada una tostada con forma de corazón untada en Nutella.
-¡Mi amor! Que romántico eres…
-Eres tú, que sacas lo mejor de mí.
Nos besamos. Se puso Nutella en los labios y me dijo: “Cariño, me he ensuciado, ¿me lo limpias?”
Por supuesto, le quité toda la Nutella de sus labios con un muy dulce beso.
Subimos a mi habitación.
Le dije que fuera subiendo, que yo tenía que recoger esto un poco.
Subió y cerró la puerta.
Empecé a poner los platos en la pila cuando oí unas voces que venían de arriba.
Subí sin hacer ruido.
Venían de mi habitación.
Puse la oreja en la puerta y pude escuchar que Leire hablaba con alguien por teléfono.
-Sí, ya está todo listo. Lo tengo comiendo de la palma de mi mano. Es un estúpido. Se ha creído todo eso de que le amo y que estoy enamorado de él. Bueno, ¿cuándo será?
-Entiendo. ¿Y no podría ser antes? Es que no sé si podré distraerlo durante tanto tiempo.
-Oh calla, que me sonrojo. Vale. Entonces el martes de la próxima semana comenzará mi venganza. Una última cosa, muchísimas gracias por ayudarme a llevarlo a cabo, hermanito.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿HERMANITO????????!!!!!!!!!!!
Solté un leve chillido. Creo que Leire se dio cuenta, porque al instante colgó y se dirigía hacia la puerta. Baje corriendo hasta la mitad de las escaleras, y luego hice como que estaba subiendo tranquilamente.
-¿Ya has terminado cariñito?
-(¿Cariñito cacho de zorrón?) S-sí, mi amor. Creo que va siendo hora de que te vayas, ¿no? No me entiendas mal, no quiero parecer grosero (me da igual si lo parezco la verdad, pero no quiero que sospeche que sé algo) pero es que mis padres están a punto de llegar del trabajo, y me parece raro que Thomas no me esté molestando ya.
-Oh, si, claro, cariño. Me iré ya, que mis padres también van a llegar ya.
-Te quiero.
-Y yo a ti.
Entonces, el de las llamadas tenía razón. Leire, Leire es mala. No me lo puedo creer. Estaba tan enamorado, que no me dejaba ver cómo era en realidad.

¿De qué se querrá vengar? ¿Por qué me quiere mantener distraído? Y lo más importante, ¿quién es ese hermanito?

viernes, 28 de junio de 2013

IMPORTANTE

A ver, lo primero, mis disculpas por tardar en escribir, pero a parte de que aunque sea verano, el tiempo me come, pues no se como continuar la historia. Tengo el final perfecto, pero no se como llevar la historia hasta ese final. Bueno, ya se me ocurrirá algo.
Otra cosa, hace poco gané un concurso que realizó mi tuto en colaboración con el ayuntamiento. Era de escribir un relato de amor. Y resulta que, pues eso, gane. El 1er premio. Yujuu... Os lo dejo aquí para ir abriendo boca hasta que empieze otra vez a escribir. Decidme que os parece en los comentarios de esta entrada, o en mi querido y asdfghasdfgh Twitter: @KevinDel98.

(El titulo promete, jejejeje)

Lo Bueno del Amor

Oí el despertador. Eran las siete de la mañana. Esto debería estar prohibido, pensé. Me levanté y me fui directo a la ducha. Cuando terminé me sentí más despierto. Fui a desayunar, me preparé un vaso con leche y unas tostadas. Me iba a meter en la boca la última cuando oí que llamaban al timbre. Era David, me venía a buscar para ir juntos al instituto. El primer día en tercero de la ESO.
Caminábamos despacio. Nos paramos a mirar los escaparates de las librerías, estaba expuesta ya la segunda parte de los libros que nos habían “enganchado” durante el verano. Cuando nos dimos cuenta  eran las ocho y diez, ¡nos quedaban cinco minutos para llegar al instituto y estábamos todavía muy lejos! Empezamos a correr para no llegar tarde. Iba mirando a David, y no vi lo que me iba a suceder. Oí que David me gritó. Choqué con algo y caí al suelo sin poder ver con que lo había hecho, pero por lo blando que estaba seguro que no era un qué sino un quién. Iba a llamarlo patoso y que mirara por donde iba, pero cuando le vi la cara no me salió nada de la boca. Era preciosa.  No podía decirle nada. Le recogí sus libros, me levanté y se los entregué.                                                                                                                                                           -Lo siento, estaba distraída –dijo-.
–No, perdóname tú. Estaba hablando con David mientras corríamos para… -en ese momento me acordé de que llegábamos tarde-.
–Nos tenemos que ir David, llegamos muy tarde –dije mientras la miraba-.
–Sí, yo también llego tarde –dijo ella-.
Entonces nos fuimos cada uno por su lado.
Por fin llegamos al instituto, tardísimo, claro. Nos echaron una bronca monumental y nos castigaron durante una semana.
El primer mes de instituto había pasado. Durante todo ese tiempo no pude dejar de pensar ella, su pelo, sus ojos, su voz, sus manos suaves. Creo que estaba enamorado.
 El primer día del nuevo mes, el profesor nos dijo que tendríamos a una alumna nueva entre nosotros. Dijo que estaba matriculada desde el principio de curso, pero que no había asistido este mes porque un pariente suyo había muerto y como vivía en otro país tuvieron que viajar y enterrarlo allí. Jamás olvidaré ese momento. Se abrió la puerta y la vi. Era ella, la misma con la que me había chocado un mes atrás. Vi que al lado mío había un sitio libre. Recuerdo que recé a más no poder porque se sentara a mi lado. Cerré los ojos mientras lo hacía. Cuando los abrí, estaba en el pupitre de al lado. ¡Bien!, pensé. ¡Gracias!, dije para mis adentro. La miré, me miró y supe que me había reconocido. Se sorprendió de verme ahí, a su lado, mirándola.
Pasaron los días, y ya había conseguido que ella y yo fuéramos muy amigos. Después de muchos intentos con el espejo de mi cuarto, me atreví a pedirle una cita. Cuando se lo había pedido, oí mis palabras en mi cabeza y me sonaron tan cursis que pensé que me iba a decir que no. Ya me había preparado para salir corriendo cuando oí su preciosa voz diciendo:
-Claro que sí. Pensé que nunca  me lo ibas a pedir-.
–¡¿En serio?! –pregunté, no me lo creía-.
–Sí, en serio- dijo ella-.
En ese momento empecé a saltar de alegría, hasta que me di cuenta de que estaba saltando como una niña desesperada delante de ella y de todo el instituto. Paré. Me sonrió.
Esa cita fue todo un éxito.  Seguimos quedando, hasta que al final decidimos salir juntos, en plan novios.
Pasaron los años y seguíamos juntos, pero no como antes. Ya no estábamos siempre juntos como lo estábamos antes. Las cosas no iban bien.  Un día tuvimos una fuerte pelea y nos enfadamos mucho.  Tanto, que no nos volvimos a ver hasta pasada unas semanas.
Yo la seguía queriendo y no quería que esto terminase, pero tuvimos que hacerlo, ya no nos entendíamos, peleábamos mucho,…
Al principio, me sentí fatal, no comía, no dormía y si lo hacía tenía pesadillas, pensaba en ella todo el tiempo, no me creía que después de tantos años juntos lo hubiésemos dejado.
Lo único que me consolaba era leer. Leí mil libros, hasta que leí uno que me hizo comprenderlo todo. Gracias a ese libro entendí que no todo es para siempre, y lo nuestro, no lo era.
Lo que leí en ese libro fue que la vida no se para por nadie, que somos infinitos, que no hay que dejar que los malos momentos te arruinen la vida y que lo bueno que tiene el primer amor es que es el primero de muchos.



Kevin Mora Valeriano 

sábado, 8 de junio de 2013

Capítulo 8

Llegué sin darme cuenta hasta la plaza otra vez. Me encanta esta plaza. Es donde pasaba la mayor parte del tiempo con James y Leire. Que buenos amigos éramos. Y míranos ahora, Leire y yo saliendo juntos y James, bueno James, ya sabéis.
-Bueno ya que estoy me siento a tomar un helado.
-¿Qué te pongo chaval?
-Sí, un doble de chocolate y chicle con caramelo por favor. -mi favorito.
Me senté en la terraza. Pasaron dos horas hasta que me acordé de que mi preciosa novia estaba enferma. La llamé, pero antes de que pudiera hacerlo me llamaron a mí.
-¿Si?
-Soy yo. Perdón por no llamarte antes, es que tenía que arreglar unas cosas.
-Me has dejado toda la tarde con la duda.
-Sigue con tu helado, cuando tengas un hueco y estés solo te cuento lo que quería decirte.
-Ahora estoy solo.
-No, date la vuelta.
-Hola cariño mío.
-Hol…Hola mi amor.
-¿Cómo lo has sab…? Otra vez.
-¿Con quién hablas?
-Con nadie, se han equivocado.
-¿Qué tal estás? ¿Te sientes mejor?
-Si un poco, sí.
-Me alegro cariño.
Me esbozó una sonrisa.
-Solo he venido para ver como estabas después de dejarte plantado.
-Ah no te preocupes por eso, lo primero es la salud.
-Que atento eres conmigo, Alex, te quiero un montonazo.
-Y yo a ti mi vida.
-Bueno cari ya me voy que si no me pongo peor.
-Vale adiós.
Nos besamos. Fue un beso rápido.
Me fui a mi casa. Eran las siete y media, mis padres aun no llegarían.
El teléfono otra vez.
-¿Me cuentas algo ya o qué?
-Si vale. Pero que no te extrañe que no le encuentres ningún sentido, ya que hay cosas que aún no te puedo contar.
-Vale. Habla.
-Por ahora lo único que te puedo decir es que todo gira en torno a alguien muy cercano a ti. Esta persona es la culpable de la desaparición de Chris y de sus padres. Aunque estos no tengan nada que ver, pero no quiere dejar sospechas. Otra cosa, esto también tiene que ver con lo de que no te acuerdes de nada cuando te vas de fiesta. Sé que es poca información, pero es lo máximo que te puedo dar por ahora.
-Muchas gracias de verdad. Por lo menos esto estrecha el círculo.
-Y te sigo diciendo, no te fíes de nadie. Absolutamente de nadie.
-Lo tendré en cuenta. Una pregunta, ¿yo te conozco?
-No. No me conoces como deberías. Hasta la próxima llamada Alex.
-No esper… Esto de que me cuelgue me toca la moral de una manera…
Llegaron mis padres. Traían a mi hermano y también pizza. Cenamos. Todo fue normal.
Subía a mi habitación. Probablemente, a ti te pase lo mismo. ¿No crees que tu habitación es como tu santuario? O sea, entre los posters de tus ídolos y el desorden, ¿no te sientes a salvo? Yo sí. Y mucho. Por eso me encanta estar aquí.
Recuerdo cuando tenía 4 años…
-Bueno Alex, sube a la parte de arriba y elige la habitación que más te guste.
-Está bien mamá.
Subí corriendo. Recuerdo que en el séptimo escalón me tropecé y me hice daño, pero no me importó porque estaba muy nervioso por ver las habitaciones que había.
Las vi una por una, inspeccionando cada rincón, cada azulejo, buscando el más mínimo fallo para cambiar de habitación hasta llegar a la perfecta.
Cuando entré en mi actual habitación, me quedé muy sorprendido. Había una gran ventana redonda al final del cuarto. Por esa ventana entraban unos rayos de sol que dibujaban en el suelo una especie de “A” vuelta del revés. Desde que vi esa “A” supe que esa sería mi habitación.


Volviendo a la realidad, no podía dejar de pensar en quien sería el culpable del secuestro de Chris y de mis pérdidas de memoria en las fiestas. Y cuál sería su motivo. Es que no lo llego a entender. Yo no he hecho nada malo contra alguien en toda mi vida, o ¿sí?

sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo 7

-No te puedes perder esta fantástica oferta. Sólo si llamas ahora recibirás de regalo el accesorio para cortar en lonchas.
Era la Tele tienda. Casi las doce y media. Subí a mi habitación. Me iba a meter en la cama cuando vi una luz fuera. ¿Quién puede estar a las doce y media de la noche en mi jardín? Me asomé a la ventana, y vi a alguien con una linterna buscando algo por la parte trasera de la casa. Abrí la venta. Lo observé callado. Parecía como si se le hubiese caído algo y no lo encontrara.  Le grité que qué hacía ahí a estas horas. Miró hacia arriba y salió corriendo. Cerré la ventana. Me acosté en la cama y me dormí.
Deja a Leire, no te conviene. Ella no te quiere. Sólo busca ve…
Me desperté sobresaltado. Menos mal que sólo era una pesadilla, pero parecía tan real.
Me levanté. Como era lunes, mis padres no estarían en casa, y como Thomas está en casa de Israel, estoy sólo. Genial.
Cogí el portátil. Me senté en el sillón del salón y lo encendí. Cuando se abrió mi usuario vi esa foto. Ya no me acordaba. Fue la tarde anterior a el accidente de James. Estábamos James, Leire y yo. Lo pasamos muy bien ese día. Con esa foto me entró nostalgia, y abrí la carpeta con todas las fotos que tenía de James. Las vi todas, una por una. Recordando todos y cada uno de los momentos vividos con cada foto. Empecé a llorar.
Sonó mi teléfono.
-¿Si?
-Buenos días Alex.
-Claro, como no.
-Yo también estoy contento de oírte.
-¿Qué quieres ahora? No estoy de humor.
-Quiero que te seques las lágrimas y me escuches atentamente.
-¿Cómo sabes que…? Para que me molesto. Te escucho.
-Acabas de empezar a salir con Leire, ¿verdad? Bueno, pues quiero que la dejes. No te conviene. Ella sólo quiere ve…
-Ah no, eso sí que no. Leire me quiere. Y yo a ella. Nos gustamos. Me lo confesó. No me voy a alejar de ella ahora que sé que me corresponde.
-Como tú lo veas, Alex. Yo sólo te advierto.
-Lo siento pero no me creo que Leire no me conv…
-Pues no te crees que me lo ha vuelto a hacer. Me ha colgado.
Llamé a Leire.
-¿Si?
-Soy yo Leire, Alex.
-Ah, hola cariño.
-Buenos días preciosa.
-¿Te apetece que vayamos a dar una vuelta por ahí?
-Me acabas de leer la mente. Te paso a buscar dentro de una hora.
-Vale, amor.
-Hasta ahora cariño.
Colgó.
Me duché. Revolví mi armario buscando algo decente para llevar puesto. Encontré una camisa roja con rayas blancas, que me gusta mucho. La combiné con mis All Star rojas. Y me puse un vaquero.
Me eché medio bote de perfume del dulce y salía buscar a mi querida novia.
Llegué a su casa. Me abrió Ana, la madre de James y Leire.
-Cuanto tiempo Alex. Que grande estás.
-Si señora Evans. ¿Qué tal está?
-Bueno, no me puedo quejar.
-Y el señor Evans, ¿trabajando?
-Sí, hoy le toco doble turno.
-Venía a recoger a Leire, vamos a dar una vuelta.
-Ah sí por supuesto. Pasa.
La casa estaba muy diferente a como la recordaba. Ahora había un montón de fotos de James por todas partes.
-Está arriba en su habitación terminando de arreglarse.
-Muchas gracias.
-De nada muchacho.
Mientras esperaba, me sonó el teléfono.
-Hola.
-Alex, soy yo.
-TÚ. Que sea la última vez que me cue…
-Te digo que Leire no te conviene y lo primero que haces es llamarla para quedar. ¿Tú eres tonto?
-Oye, sin faltar.
-Te lo digo en serio. Tienes que dejarla. Sal de ahí ya.
-¿Estás loco? ¿Está a punto de bajar para irnos y la voy a dejar plantada?
-Pues sí. Si lo haces te prometo que en cuanto llegues a tu casa te cuento alguna cosa sobre el secuestro de tu amigo.
-Está bien, haré lo que pueda.
Subí a la habitación de Leire.
-¿Leire?
-Un segundo Alex. Tengo algo que decirte.
-Sí, yo también. Tu primero.
-No voy a poder salir hoy contigo, me siento un poco mal. Lo siento.
-Ah, no pasa nada. –menos mal. Me acaba de quitar un peso de encima.
-Lo siento cariño. ¿Y tú que querías decirme?
-¿Eh? Ah no nada. Que si te apetecía ir al Mcdonalds. Pero ya nada, ¿no?
-Lo siento mucho amor.
-No pasa nada. Te quiero.
Bajé al comedor.
-Hasta luego señora Evans.
-¿Ya te vas? No te llevas a Leire.
-No, se encuentra un poco mal.
-Ah vale. Hasta pronto.
-Adiós.
Corrí hasta llegar a mi casa. Necesitaba saber algo sobre el secuestro de Chris.
Esperé la llamada de ese extraño, pero no lo hizo. No me llamó.
-Yo lo mato.

Salía dar una vuelta.
Perdón. He estado liadillo con los exámenes finales y no he tenido tiempo de ponerme a escribir, ya me entendéis. Subiré capítulo muy pronto, lo prometo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Capítulo 6


-Alex, es hora de cenar. ¿Bajas o comes en tu habitación? –dijo mi madre desde la cocina.
La verdad es que no tenía hambre pero bajé a comer a ver si así me olvidaba un poco de todo lo que había sucedido.
-Ya bajo mamá.
Bajé. En la mesa sólo estaban mis padres.
-¿Dónde está Thomas? –pregunté yo.
-Alex, te dije esta mañana que tu hermano se fue ayer a casa de Israel.
-Ostras es verdad. –claro, con todo esto ya ni me acordaba.
-Que cabeza. ¿A quién habrás salido?
-A ti cariño. –le dijo mi padre a mi madre.
Creo que ellos siguieron con la conversación, pero yo ya estaba en mi mundo. Pensando.
-Mamá, ¿sabes ya lo de Chris y sus padres? –interrumpí yo.
-Si cariño. No quería recordártelo para no amargarte la cena.
-¿Por qué les habrán secuestrado?
Nadie me contestó.
Terminé de cenar y me subí a mi habitación, como siempre.
No sabía qué hacer. Estaba muy confundido. Entre el secuestro de Chris y la aparición de Leire, no sé qué hacer. No sé qué pensar. Y también está lo de las llamadas.
Volví a casa de Chris, para ver si encontraba alguna pista.
¿No os ha pasado que a veces tenéis la sensación de que os están persiguiendo?
Pues tenía esa sensación en ese momento. Miré a todos los lados, pero no había nadie. Al menos que yo viese.
Llegué lo más próximo que pude a la casa de Chris. Otra vez esa sensación.
-¡DIOSSSS! –era mi teléfono. Que susto.
-¿Quién es?
-Quién va a ser.
Esa voz otra vez. ¿Qué querrá ahora?
-Vete de ahí ahora mismo.
-¿Por qué?
-No hagas preguntas y vete. Hasta la plaza, rápido.
-Vale.
Hice caso y me voy fui a la plaza.
Otra vez el teléfono.
-Sí, aquí no te harán daño.
-¿Qué dices?
-Nada. Te estaban vigilando.
-¡¿Quién?!
-No estás preparado para saberlo. Por ahora, no te acerques a la casa de Chris. Es más, no te acerques ni a la calle.
-Pero, ¿por qué?
-Alex, tu solo obedece.
-No te conozco de nada, ¿por qué tendría que hacerte caso?
-No tienes que hacerlo si no quieres. Pero por algo lo has hecho hasta ahora, ¿no?
-Sí, ya pero,..
-Bueno, pues hazme caso.
-Estoy harto de que me cuelgues. –lo dije en voz alta. Todos en la terraza me miraban.
Me senté en la terraza y me pedí un refresco.
Cuando me fijé, Leire se estaba acercando. Empecé a ponerme rojo.
-¡Ho..Hola! –dije yo muy cortado.
-¡Hola Alex! ¿Qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-Muy bien. Quería dar una vuelta.
-¿Quieres acompañarme? Yo te invito.
-Vale. Muchas gracias.
Pidió un refresco. Estuvimos hablando de todo un poco. Primero de cómo le había ido el bachillerato. Después me preguntó cómo me había ido a mí todo este tiempo. Y por último acabamos por hablar del accidente.
-Si no le hubiera dejado conducir.
-No te tortures, no es culpa tuya. Ya sabes cómo era James, sobre todo contigo.
-Era la mejor persona que he conocido nunca.
Entonces se me cayeron unas lágrimas. Y Leire también empezó a llorar. Yo me levanté porque no puedo ver llorar a una mujer. La abracé. Y… me besó. Fue el beso más maravilloso que me han dado.
-¿Qu…Qué haces?
-Besarte. Alex, te quiero. Me gustas. No he dejado de pensar en ti mientras estaba en Manchester.
-¿Me lo dices en serio?
-Muy en serio. Te quiero.
-Yo también te quiero.
La besé. Me besó. Nos besamos.
La acompañé hasta su casa.
-Qué día más extraño. –dije yo
-Sí, mucho. Esta mañana cuando me desperté no pensé que fuese a terminar el día con novio.
-Sí, yo tampoco.
Nos besamos hasta que su madre la llamó.
-Me tengo que ir. Te quiero. Nos vemos mañana.
-Hasta mañana princesa. -¿princesa? ¿En serio?
-Adiós.
-Caminé hasta mi casa mientras pensaba en todo.
Llegué. Estaban todos durmiendo.
Me quedé dormido viendo la tele.

sábado, 11 de mayo de 2013

Capítulo 5


Me desperté sobresaltado, como si alguien me hubiese estado mirando hasta antes de que abriese los ojos. 
Llamé a Chris. Necesitaba saber ya de una vez lo que le pasó en el baño el otro día.
No me lo cogió. Me saltó el contestador.
-Chris, soy yo, Alex. Tenemos que hablar de lo que te pasó el otro día en el baño. Llámame cuando puedas.
Bajé a desayunar. Llegué a la cocina y me sorprendió ver a mis padres ahí. Claro, no me acordaba. Hoy les tocó librar a los dos. Dios mío, la que me espera hoy. –pensé.
-Buenos días papá. Buenos días mamá. –dije con voz cordial, cosa que me fue difícil, ya que suelo levantarme con muy mal humor…
-Buenas Alex. –dijeron a la vez.
Me senté y empecé a desayunar. Estaba terminando cuando me sonó el teléfono.
-Es Chris, tengo que cogerlo. –dije.
Creo que no me oyeron, o pasaron de mí.
-¿Si? –pregunté de forma tonta, sabía perfectamente quien era.
-Soy yo, Chris. Creo que es hora de que te cuente lo que realmente pasa…
-Chis, me estás asustando. Preparo algunas cosas y voy. –dije con voz temblorosa.
-Vale, aquí te espero. –contestó él.
Colgué. Estaba muy asustado.
Terminé de desayunar, les pedí permiso a mis padres y me fui a casa de Chris.
Me faltaban dos casas para llegar cuando oí tras de mi las sirenas de unos coches patrulla. Me asusté aún más.
Corrí hasta la casa de Chris. Había un montón de coches patrulla.
Me acerqué más. Estaba todo acordonado alrededor de la casa de Chris. Me temí lo peor.
Le pregunté a uno de los policías que qué había pasado y me contestó que eso no era asunto mío. Le dije que había hablado con el hijo de los propietarios hace unos minutos y habíamos quedado en su casa. Entonces me dijo que unos vecinos habían llamado porque habían oído gritos, no se sabe nada más. La casa estaba perfectamente, no se habían llevado nada. Creían que era un secuestro.
Me fui corriendo a casa. Iba pensando en todo lo que estaba ocurriendo, cuando choqué con alguien.
-¡Lei..Leire! –fue lo único que salió de mi boca.
-¡Alex, cuanto tiempo! –dijo ella.
-Sí, un año. ¿Qué haces aquí? –pregunté yo, todavía sorprendido.
-He terminado mis estudios en Manchester, y menos mal. Aquello era un asco. –dijo ella.
-Que bien, menos mal, ¿no? –no me lo creía. Era Leire. Estaba delante de mí.
-¿Y que es de tu vida? Desde aquello no nos vemos –dijo ella.
Creo que se refería a aquel incidente. No os lo he contado, básicamente, porque me da mucha vergüenza. Sucedió horas antes de que Leire se marchara a Manchester. Como os he contado, estaba enamoradísimo de Leire, así que se me ocurrió la genial idea de contárselo. Si, sé que os va a sonar a culebrón de hora de la siesta, pero se lo conté, y resulta que ella estaba saliendo con un idiota. Marcus se llamaba. Imaginaos la estampa: yo le había dicho que estaba enamorado de ella, y de pronto, por la puerta de su casa sale ese idiota y le besa delante de mí. Se me quedó una cara de idiota.
-Ya. Oye, siento lo que sucedió. No sé lo que me pasó. Necesitaba contártelo.
-No pasa nada, Alex. Te comprendo perfectamente. –dijo ella.
-¿Sigues saliendo con él? –pregunté yo, aunque ya sabía la respuesta.
-No. Descubrí que me engañaba con una amiga. –dijo ella un poco triste.
-Vaya Leire, lo siento. –la verdad, creía que me iba a decir que si seguía saliendo con él, y que eran muy felices.
-Había oído que era un capullo, pero no pensé que lo fuera tanto como para menospreciarte.
-Muchas gracias por consolarme, Alex, pero eso está olvidado. Gracias a él me centré más en los estudios y saqué el curso.
-Me alegra saberlo. –dije yo.
Creo que me sigue gustando, aunque sea un poco.
-Leire, espero volver a verte por ahí, pero ahora tengo resolver unos asuntos.
-Sí, yo también tengo unas cosas que hacer, hasta pronto.
Me besó en la mejilla y empecé a ponerme rojo, así que antes de que se diera cuenta, ya me fui.
Volví a mi casa. Subí  a mi habitación y encendí el portátil. Mi portátil es como un órgano más de mi cuerpo, sin él, no funcionaría. Aunque estos días no lo he usado mucho. Lo apagué. En realidad no lo necesita para nada en esos momentos. La costumbre, pensé.
Me estaba quedando dormido cuando oí mi teléfono. Lo cogí lo más rápido que pude por si eran noticias sobre Chris. No miré ni quien era.
-Hola de nuevo Alex.
-¿Otra vez tú? ¿Me vas a decir ya quién eres?
-No, todavía no. Lo que si te puedo decir es que sé que les ha pasado a Chris y a sus padres. Han sido secuestrados.
-¿Qu.. qué dices? Eso no puede ser. ¿Cómo lo sabes?
-Alex, te lo repito, yo lo sé todo.
-Has sido tú, ¿verdad?
-Te prometo que yo no tengo nada que ver. Todo lo que hago es para ayudarte.
-¿Y por qué quieres ayudarme?
-Dejémoslo en que me caes bien. ¿No quieres saber nada sobre Chis y su familia?
-Claro que sí, por favor, dime lo que sabes.
-Chris te iba a contar algo, ¿verdad?
-S…
-No hace falta que respondas, sé que sí. Lo han secuestrado por lo que te iba a contar. No quieren que salga a la luz.
-¿El qué no quieren que salga a la luz? ¿Hola? ¿Sí? Joder, me lo ha vuelto a hacer.
¿Que estará pasando? ¿Qué me habrá querido contar Chris que era tan importante como para secuestrarlo a él y a sus padres?
Necesito respuestas ya.