viernes, 28 de junio de 2013

IMPORTANTE

A ver, lo primero, mis disculpas por tardar en escribir, pero a parte de que aunque sea verano, el tiempo me come, pues no se como continuar la historia. Tengo el final perfecto, pero no se como llevar la historia hasta ese final. Bueno, ya se me ocurrirá algo.
Otra cosa, hace poco gané un concurso que realizó mi tuto en colaboración con el ayuntamiento. Era de escribir un relato de amor. Y resulta que, pues eso, gane. El 1er premio. Yujuu... Os lo dejo aquí para ir abriendo boca hasta que empieze otra vez a escribir. Decidme que os parece en los comentarios de esta entrada, o en mi querido y asdfghasdfgh Twitter: @KevinDel98.

(El titulo promete, jejejeje)

Lo Bueno del Amor

Oí el despertador. Eran las siete de la mañana. Esto debería estar prohibido, pensé. Me levanté y me fui directo a la ducha. Cuando terminé me sentí más despierto. Fui a desayunar, me preparé un vaso con leche y unas tostadas. Me iba a meter en la boca la última cuando oí que llamaban al timbre. Era David, me venía a buscar para ir juntos al instituto. El primer día en tercero de la ESO.
Caminábamos despacio. Nos paramos a mirar los escaparates de las librerías, estaba expuesta ya la segunda parte de los libros que nos habían “enganchado” durante el verano. Cuando nos dimos cuenta  eran las ocho y diez, ¡nos quedaban cinco minutos para llegar al instituto y estábamos todavía muy lejos! Empezamos a correr para no llegar tarde. Iba mirando a David, y no vi lo que me iba a suceder. Oí que David me gritó. Choqué con algo y caí al suelo sin poder ver con que lo había hecho, pero por lo blando que estaba seguro que no era un qué sino un quién. Iba a llamarlo patoso y que mirara por donde iba, pero cuando le vi la cara no me salió nada de la boca. Era preciosa.  No podía decirle nada. Le recogí sus libros, me levanté y se los entregué.                                                                                                                                                           -Lo siento, estaba distraída –dijo-.
–No, perdóname tú. Estaba hablando con David mientras corríamos para… -en ese momento me acordé de que llegábamos tarde-.
–Nos tenemos que ir David, llegamos muy tarde –dije mientras la miraba-.
–Sí, yo también llego tarde –dijo ella-.
Entonces nos fuimos cada uno por su lado.
Por fin llegamos al instituto, tardísimo, claro. Nos echaron una bronca monumental y nos castigaron durante una semana.
El primer mes de instituto había pasado. Durante todo ese tiempo no pude dejar de pensar ella, su pelo, sus ojos, su voz, sus manos suaves. Creo que estaba enamorado.
 El primer día del nuevo mes, el profesor nos dijo que tendríamos a una alumna nueva entre nosotros. Dijo que estaba matriculada desde el principio de curso, pero que no había asistido este mes porque un pariente suyo había muerto y como vivía en otro país tuvieron que viajar y enterrarlo allí. Jamás olvidaré ese momento. Se abrió la puerta y la vi. Era ella, la misma con la que me había chocado un mes atrás. Vi que al lado mío había un sitio libre. Recuerdo que recé a más no poder porque se sentara a mi lado. Cerré los ojos mientras lo hacía. Cuando los abrí, estaba en el pupitre de al lado. ¡Bien!, pensé. ¡Gracias!, dije para mis adentro. La miré, me miró y supe que me había reconocido. Se sorprendió de verme ahí, a su lado, mirándola.
Pasaron los días, y ya había conseguido que ella y yo fuéramos muy amigos. Después de muchos intentos con el espejo de mi cuarto, me atreví a pedirle una cita. Cuando se lo había pedido, oí mis palabras en mi cabeza y me sonaron tan cursis que pensé que me iba a decir que no. Ya me había preparado para salir corriendo cuando oí su preciosa voz diciendo:
-Claro que sí. Pensé que nunca  me lo ibas a pedir-.
–¡¿En serio?! –pregunté, no me lo creía-.
–Sí, en serio- dijo ella-.
En ese momento empecé a saltar de alegría, hasta que me di cuenta de que estaba saltando como una niña desesperada delante de ella y de todo el instituto. Paré. Me sonrió.
Esa cita fue todo un éxito.  Seguimos quedando, hasta que al final decidimos salir juntos, en plan novios.
Pasaron los años y seguíamos juntos, pero no como antes. Ya no estábamos siempre juntos como lo estábamos antes. Las cosas no iban bien.  Un día tuvimos una fuerte pelea y nos enfadamos mucho.  Tanto, que no nos volvimos a ver hasta pasada unas semanas.
Yo la seguía queriendo y no quería que esto terminase, pero tuvimos que hacerlo, ya no nos entendíamos, peleábamos mucho,…
Al principio, me sentí fatal, no comía, no dormía y si lo hacía tenía pesadillas, pensaba en ella todo el tiempo, no me creía que después de tantos años juntos lo hubiésemos dejado.
Lo único que me consolaba era leer. Leí mil libros, hasta que leí uno que me hizo comprenderlo todo. Gracias a ese libro entendí que no todo es para siempre, y lo nuestro, no lo era.
Lo que leí en ese libro fue que la vida no se para por nadie, que somos infinitos, que no hay que dejar que los malos momentos te arruinen la vida y que lo bueno que tiene el primer amor es que es el primero de muchos.



Kevin Mora Valeriano 

sábado, 8 de junio de 2013

Capítulo 8

Llegué sin darme cuenta hasta la plaza otra vez. Me encanta esta plaza. Es donde pasaba la mayor parte del tiempo con James y Leire. Que buenos amigos éramos. Y míranos ahora, Leire y yo saliendo juntos y James, bueno James, ya sabéis.
-Bueno ya que estoy me siento a tomar un helado.
-¿Qué te pongo chaval?
-Sí, un doble de chocolate y chicle con caramelo por favor. -mi favorito.
Me senté en la terraza. Pasaron dos horas hasta que me acordé de que mi preciosa novia estaba enferma. La llamé, pero antes de que pudiera hacerlo me llamaron a mí.
-¿Si?
-Soy yo. Perdón por no llamarte antes, es que tenía que arreglar unas cosas.
-Me has dejado toda la tarde con la duda.
-Sigue con tu helado, cuando tengas un hueco y estés solo te cuento lo que quería decirte.
-Ahora estoy solo.
-No, date la vuelta.
-Hola cariño mío.
-Hol…Hola mi amor.
-¿Cómo lo has sab…? Otra vez.
-¿Con quién hablas?
-Con nadie, se han equivocado.
-¿Qué tal estás? ¿Te sientes mejor?
-Si un poco, sí.
-Me alegro cariño.
Me esbozó una sonrisa.
-Solo he venido para ver como estabas después de dejarte plantado.
-Ah no te preocupes por eso, lo primero es la salud.
-Que atento eres conmigo, Alex, te quiero un montonazo.
-Y yo a ti mi vida.
-Bueno cari ya me voy que si no me pongo peor.
-Vale adiós.
Nos besamos. Fue un beso rápido.
Me fui a mi casa. Eran las siete y media, mis padres aun no llegarían.
El teléfono otra vez.
-¿Me cuentas algo ya o qué?
-Si vale. Pero que no te extrañe que no le encuentres ningún sentido, ya que hay cosas que aún no te puedo contar.
-Vale. Habla.
-Por ahora lo único que te puedo decir es que todo gira en torno a alguien muy cercano a ti. Esta persona es la culpable de la desaparición de Chris y de sus padres. Aunque estos no tengan nada que ver, pero no quiere dejar sospechas. Otra cosa, esto también tiene que ver con lo de que no te acuerdes de nada cuando te vas de fiesta. Sé que es poca información, pero es lo máximo que te puedo dar por ahora.
-Muchas gracias de verdad. Por lo menos esto estrecha el círculo.
-Y te sigo diciendo, no te fíes de nadie. Absolutamente de nadie.
-Lo tendré en cuenta. Una pregunta, ¿yo te conozco?
-No. No me conoces como deberías. Hasta la próxima llamada Alex.
-No esper… Esto de que me cuelgue me toca la moral de una manera…
Llegaron mis padres. Traían a mi hermano y también pizza. Cenamos. Todo fue normal.
Subía a mi habitación. Probablemente, a ti te pase lo mismo. ¿No crees que tu habitación es como tu santuario? O sea, entre los posters de tus ídolos y el desorden, ¿no te sientes a salvo? Yo sí. Y mucho. Por eso me encanta estar aquí.
Recuerdo cuando tenía 4 años…
-Bueno Alex, sube a la parte de arriba y elige la habitación que más te guste.
-Está bien mamá.
Subí corriendo. Recuerdo que en el séptimo escalón me tropecé y me hice daño, pero no me importó porque estaba muy nervioso por ver las habitaciones que había.
Las vi una por una, inspeccionando cada rincón, cada azulejo, buscando el más mínimo fallo para cambiar de habitación hasta llegar a la perfecta.
Cuando entré en mi actual habitación, me quedé muy sorprendido. Había una gran ventana redonda al final del cuarto. Por esa ventana entraban unos rayos de sol que dibujaban en el suelo una especie de “A” vuelta del revés. Desde que vi esa “A” supe que esa sería mi habitación.


Volviendo a la realidad, no podía dejar de pensar en quien sería el culpable del secuestro de Chris y de mis pérdidas de memoria en las fiestas. Y cuál sería su motivo. Es que no lo llego a entender. Yo no he hecho nada malo contra alguien en toda mi vida, o ¿sí?

sábado, 1 de junio de 2013

Capítulo 7

-No te puedes perder esta fantástica oferta. Sólo si llamas ahora recibirás de regalo el accesorio para cortar en lonchas.
Era la Tele tienda. Casi las doce y media. Subí a mi habitación. Me iba a meter en la cama cuando vi una luz fuera. ¿Quién puede estar a las doce y media de la noche en mi jardín? Me asomé a la ventana, y vi a alguien con una linterna buscando algo por la parte trasera de la casa. Abrí la venta. Lo observé callado. Parecía como si se le hubiese caído algo y no lo encontrara.  Le grité que qué hacía ahí a estas horas. Miró hacia arriba y salió corriendo. Cerré la ventana. Me acosté en la cama y me dormí.
Deja a Leire, no te conviene. Ella no te quiere. Sólo busca ve…
Me desperté sobresaltado. Menos mal que sólo era una pesadilla, pero parecía tan real.
Me levanté. Como era lunes, mis padres no estarían en casa, y como Thomas está en casa de Israel, estoy sólo. Genial.
Cogí el portátil. Me senté en el sillón del salón y lo encendí. Cuando se abrió mi usuario vi esa foto. Ya no me acordaba. Fue la tarde anterior a el accidente de James. Estábamos James, Leire y yo. Lo pasamos muy bien ese día. Con esa foto me entró nostalgia, y abrí la carpeta con todas las fotos que tenía de James. Las vi todas, una por una. Recordando todos y cada uno de los momentos vividos con cada foto. Empecé a llorar.
Sonó mi teléfono.
-¿Si?
-Buenos días Alex.
-Claro, como no.
-Yo también estoy contento de oírte.
-¿Qué quieres ahora? No estoy de humor.
-Quiero que te seques las lágrimas y me escuches atentamente.
-¿Cómo sabes que…? Para que me molesto. Te escucho.
-Acabas de empezar a salir con Leire, ¿verdad? Bueno, pues quiero que la dejes. No te conviene. Ella sólo quiere ve…
-Ah no, eso sí que no. Leire me quiere. Y yo a ella. Nos gustamos. Me lo confesó. No me voy a alejar de ella ahora que sé que me corresponde.
-Como tú lo veas, Alex. Yo sólo te advierto.
-Lo siento pero no me creo que Leire no me conv…
-Pues no te crees que me lo ha vuelto a hacer. Me ha colgado.
Llamé a Leire.
-¿Si?
-Soy yo Leire, Alex.
-Ah, hola cariño.
-Buenos días preciosa.
-¿Te apetece que vayamos a dar una vuelta por ahí?
-Me acabas de leer la mente. Te paso a buscar dentro de una hora.
-Vale, amor.
-Hasta ahora cariño.
Colgó.
Me duché. Revolví mi armario buscando algo decente para llevar puesto. Encontré una camisa roja con rayas blancas, que me gusta mucho. La combiné con mis All Star rojas. Y me puse un vaquero.
Me eché medio bote de perfume del dulce y salía buscar a mi querida novia.
Llegué a su casa. Me abrió Ana, la madre de James y Leire.
-Cuanto tiempo Alex. Que grande estás.
-Si señora Evans. ¿Qué tal está?
-Bueno, no me puedo quejar.
-Y el señor Evans, ¿trabajando?
-Sí, hoy le toco doble turno.
-Venía a recoger a Leire, vamos a dar una vuelta.
-Ah sí por supuesto. Pasa.
La casa estaba muy diferente a como la recordaba. Ahora había un montón de fotos de James por todas partes.
-Está arriba en su habitación terminando de arreglarse.
-Muchas gracias.
-De nada muchacho.
Mientras esperaba, me sonó el teléfono.
-Hola.
-Alex, soy yo.
-TÚ. Que sea la última vez que me cue…
-Te digo que Leire no te conviene y lo primero que haces es llamarla para quedar. ¿Tú eres tonto?
-Oye, sin faltar.
-Te lo digo en serio. Tienes que dejarla. Sal de ahí ya.
-¿Estás loco? ¿Está a punto de bajar para irnos y la voy a dejar plantada?
-Pues sí. Si lo haces te prometo que en cuanto llegues a tu casa te cuento alguna cosa sobre el secuestro de tu amigo.
-Está bien, haré lo que pueda.
Subí a la habitación de Leire.
-¿Leire?
-Un segundo Alex. Tengo algo que decirte.
-Sí, yo también. Tu primero.
-No voy a poder salir hoy contigo, me siento un poco mal. Lo siento.
-Ah, no pasa nada. –menos mal. Me acaba de quitar un peso de encima.
-Lo siento cariño. ¿Y tú que querías decirme?
-¿Eh? Ah no nada. Que si te apetecía ir al Mcdonalds. Pero ya nada, ¿no?
-Lo siento mucho amor.
-No pasa nada. Te quiero.
Bajé al comedor.
-Hasta luego señora Evans.
-¿Ya te vas? No te llevas a Leire.
-No, se encuentra un poco mal.
-Ah vale. Hasta pronto.
-Adiós.
Corrí hasta llegar a mi casa. Necesitaba saber algo sobre el secuestro de Chris.
Esperé la llamada de ese extraño, pero no lo hizo. No me llamó.
-Yo lo mato.

Salía dar una vuelta.
Perdón. He estado liadillo con los exámenes finales y no he tenido tiempo de ponerme a escribir, ya me entendéis. Subiré capítulo muy pronto, lo prometo.