viernes, 26 de abril de 2013

Capítulo 3


Esa mañana me levante muy contento.
Cuando abrí los ojos, me encontré con que Chris se había quedado dormido en mi cama, aunque él tenía la suya en el otro extremo de la habitación. Cuando lo vi, me acordé de todo lo que habíamos hecho la noche anterior. Sonreí. Lo desperté. Al ver que no respondía, lo dejé seguir durmiendo.
Bajé a la cocina para preparar un desayuno. No oí la tele ni las consolas. Thomas aún estaría durmiendo.
Me encanta cocinar, mi especialidad son los postres, como por ejemplo, las tartas, los bizcochos y los creps y demás comidas para el desayuno. Preparé tortitas con zumo de naranja. Acababa de poner la mesa cuando vi que Chris se había levantado. 
–Buenos días, bella durmiente –dije yo con tono burlón -.    
–Nos hemos levantado contentos hoy, ¿no? –me contestó él -.                   
–Que bien lo pasamos anoche, ¿verdad? –pregunté yo-.
–Sí, fue muy divertido –dijo, con un tono un poco triste -.         
-¿Te pasa algo?, te noto raro… -la verdad es que le notaba muy raro -.
–No, no es nada. Es solo que no dormí muy bien anoche, nada más –contestó él, con un tono ya un poco más amable -.  
–Bueno, pues será eso. Mira el pedazo de desayuno que he preparado con mis propias manos –dije, orgulloso de lo que había cocinado -.  
–Que pinta tiene todo, como siempre, te ha quedado estupendo –dijo Chris. La verdad es que su comentario me alegró mucho.
Terminamos de desayunar. Thomas se levantó. Lo primero que hizo fue ir a la cocina, coger un vaso de zumo de naranja y conectar la Wii para ponerse a jugar.
–Cuando uno se levanta, da los buenos días, sobre todo si hay visita, enano. –dije yo muy enfadado -. Lo único que Thomas hizo fue ponerse los cascos y jugar a la dichosa consola. Eso me irritó aún más. Iba a echarle la bronca pero Chris me paró y me dijo que lo dejara, que no tenía importancia.
Nos fuimos  a mi cuarto. No podíamos salir de casa hasta que no volvieran mis padres de trabajar. Decidimos ponernos a jugar a la Play. Y como no, a la mitad que nos queda del GOW. Durante la partida, hubo un momento en el que noté que Chris, se iba a echar a llorar. Le iba a preguntar que le pasaba, pero se levantó y se fue al baño antes de que de mi boca saliera una palabra.   
- ¿Estás bien Chris? Te noto raro desde el desayuno… -le pregunté preocupado -.
–No, Alex, no estoy bien. –me confesó él -.      
– ¿Y qué te pasa? –volví a preguntar -.              
–Lo siento, Alex, no me atrevo a decírtelo. Olvidémoslo. Por favor. –me pidió él -.   
–Vale, pero si alguna vez quieres hablarlo, aquí estoy yo. –le recordé -.
Seguimos jugando a la Play como si nada hubiese ocurrido.
Oí que mis padres llegaron, pero nos lo hicieron solos. Era la madre de Chris que venía a buscarlo.
-Vamos, Chris. Tenemos cita con el dentista, recuerdas. –dijo Eva, la madre de Chris.-
-Buff, dentista, que asco, los odio. –dijo Chris, con cara de asco.-
-Bueno Chris, encantados de tenerte en nuestra casa, vuelve cuando quieras. –dijo mi madre.-
-Chris, ven un momento. –le dije yo, quería hablar con él sobre el incidente del baño.-
-Sí, ya voy. –me contestó él.-
-Oye, Chris, si necesitas hablar de lo ocurrido en el baño, cuenta conmigo, eres mi amigo y lo comprenderé, sea lo que sea. –dije yo.-
-Muchas gracias, Alex. Eres un buen amigo. –me dijo él, me hizo enrojecer.-
-De nada. Ya sabes. –dije.-
-Sí, cuando esté preparado te lo cuento. –me respondió él.-
Después de eso, no volvimos a vernos hasta pasados dos o tres días.

sábado, 20 de abril de 2013

Capítulo 2


James era mi mejor amigo. Lo éramos desde aquel día en el que yo estaba solo en la guardería, porque no conocía a nadie, él se acercó a mí y me dijo que si quería hacer figuritas de plastilina con él. Desde ese día lo consideré mi mejor amigo, y él a mí, también. Siempre decía que habían tres clases de amigos: los amigos, los buenos amigos y los mejores amigos. Decía que los amigos eran los que conociste alguna vez pero que por la circunstancias, ya no hablabais. Los buenos amigos eran los que te dejaban la tarea de clase y los que si estas solo te hacen compañía. Y, por último, estaban los mejores amigos, que eran los que no se querían separar nunca de ti, a los que te une una muy fuerte amistad, los que si te ven riendo, ríen contigo y los que si te ven tristes, te alegran el día, son los que no consideras un amigo, sino un hermano. Decía que para mí era eso, un hermano. Un  hermano que le falló aquel día. James decía siempre que si en las fiestas no bebías, no te divertías. Yo le hacía caso. Bebíamos muchísimo, siempre, en todas las fiestas, todos los fines de semana. Hasta que llegó ese día. Salimos temprano a la fiesta de un amigo. Yo ese día no me encontraba muy bien y decidí no beber. Has decidido no divertirte, me dijo James. Él, por el contrario, decidió beber todo lo que pudo. Yo me sentí muy mal, le avisé de que me iba y me dijo que en mi estado no podía conducir, que él me llevaría. Yo, viendo cómo iba él, me negué, pero me dijo que estaba bien y que él me llevaría. Con lo mal que estaba no podía ponerme a pelear, me subí al coche y me dejé dormir. Me desperté con un fuerte golpe. Habíamos chocado con un camión. James había muerto en el acto. Yo sólo tenía unas cuantas heridas. No me lo creía. Era todo por mi culpa. Si no le hubiese dejado conducir en ese estado. Es mi culpa, yo lo maté. Durante muchos meses, me persiguieron pesadillas del accidente. Yo sólo me echaba la culpa, y las pesadillas no hacían más que confirmármelo. Mis padres decidieron llevarme a un psicólogo. Estuve en terapia durante más de dos años. No conseguían sacarme de la cabeza que yo era el culpable. Hasta que un día, simplemente dejé de tener pesadillas. Dormía bien, y los psicólogos me habían conseguido convencer de que yo no era el culpable. No os equivoquéis, jamás he olvidado a James, ni lo que durante toda su vida hizo por mí.  Anteponía mi vida a la suya, siempre intentaba que yo estuviera feliz, y si no lo estaba, el hacía que me olvidara de todo. Me quería tanto, que murió por ayudarme. No hay un día en el que no piense en él, desde que me levanto, hasta que me acuesto. Nunca he tenido, después de James, un mejor amigo. Ni siquiera Chris lo era, y eso que pasamos todo el tiempo juntos. Después de eso, no he vuelto a beber. Jamás.
Después de intentar, de forma inútil, recordar lo que me había pasado en la fiesta, me dejé dormir.
Me desperté cuando oí que mamá hablaba con alguien en el salón. Reconocí su voz, era Chris. Mi madre le dijo que estaba arriba, en mi habitación. Oí como subía por las escaleras hasta que se paró en mi puerta. Tocó. Le abrí.
–Has vuelto a pensar en ese día, ¿verdad? –dijo él, como si lo hubiera adivinado -.
–No hay un solo día que no lo haga. –dije -.
–Alex, sé que era tu mejor amigo, y aunque tú digas que ya no te culpas por ese accidente, no lo creo. Te sigues culpando por ello, ¿verdad? –dijo él -. Sus palabras se clavaron en mí como puñales. Empezaron a caer de mis ojos una o dos lágrimas.
–Perdón, no debí haber dicho eso, pero no quiero que estés triste. Mira, yo no conocí a James, pero por lo que me has contado, sé que era muy bueno contigo, por eso creo que él no quiere verte así. Estoy seguro de que él, allá donde esté, no te culpa de lo que ocurrió. –dijo Chris para intentar consolarme, y la verdad es que funcionó -.
Me sequé las lágrimas, le agradecí por consolarme y lo abracé. Sé que él se sorprendió de que hiciera eso, hasta yo lo había hecho, pero lo necesitaba, necesitaba abrasar a alguien para consolarme. Él lo entendió y no se apartó hasta que yo lo hice. Le volví a dar las gracias. Bajamos al comedor. Mi madre nos había sacado tarta y unos vasos de cola. Nos lo comimos todo. La verdad es que yo tenía mucha hambre. Cuando terminamos, decidimos ver la tele, ya que no teníamos nada que hacer. Cuando empezaba mi programa favorito, Factor X, a Chris le sonó el teléfono. Como siempre, era uno de sus amigos, que daba una fiesta. Lo miré. Le dijo al chico que estaba al otro lado del teléfono que no iríamos. Le sonreí. De esa forma supo que le estaba agradecido
-¿Por qué no te quedas esta noche en mi casa, Chris? –le dije -.
–Deja ver que dice mi madre. –dijo él -. Sacó su teléfono y la llamó.
–Dice que si a tu madre no le importa. –dijo -. Mi madre y la suya son muy amigas.
–Claro que no le importa. –le dije -. Siguió hablando con su madre.
–Dice que sí, que me deja. –dijo él -.
–Que bien. -. Le dije yo con alegría -.
Esa noche la pasamos muy bien. Estuvimos hasta las tres de la madrugada jugando a la Play. A nuestro juego favorito. El GOW. Cuando ya nos habíamos pasado medio juego, nos aburrimos y nos pusimos a hablar de nuestras cosas.        
–Oye, Chris, ¿todavía te gusta Sara? –le pregunté -.
–Sí, pero no me hace caso, pasa de mí –contestó él -.
–Tío, pues pasa tú de ella, no vale la pena seguir con eso si, probablemente, ni siquiera sepa que existas. –dije yo, muy reflexivo -.
–Ya, tío, pero es que me gusta de verdad. –me replicó él-.
-Cambiando de tema, ¿a ti no te gusta nadie? –me preguntó -. Antes del accidente, estaba enamoradísimo de la hermana de James, pero no he podido mirarla a la cara ni hablar con ella. Además, hace un año que se fue a hacer su bachillerato a Manchester, ya que aquí, en Londres, no hacen el que ella quería y tuvo que trasladarse. 
–No, no me gusta nadie. –le dije.
–Anda pillín, que no me lo quieres decir… -me dijo él.
Después de ese comentario, le lancé mi almohada. Me lanzó el la suya y empezamos una guerra de almohadas. Acabamos agotados. Nos tumbamos en la cama y nos dejamos dormir. 

sábado, 13 de abril de 2013

Capítulo 1


Creo que ya era la hora de comer cuando me desperté. Lo sé porque oí un ruido como de platos chocando entre sí y a la voz de mi padre preguntándole a mi madre que con que estupenda comida nos iba a sorprender hoy.  Mis padres son unas personas muy buenas conmigo y con mi hermano Thomas, nos compran casi todo los que les pedimos, y a veces me parece que no los tratamos como deberíamos, pero bueno, somos niños ¿no?  Mi madre es con quien mejor me llevo, aunque siempre estemos peleándonos, no podemos vivir el uno sin el otro. Esto no me pasa con mi padre, ya que él trabaja mucho cuando yo estoy en casa, al contrario que mi madre que sale de trabajar cuando yo salgo del instituto, pero no os confundáis, los quiero a los dos muchísimo y por igual. Me levanté de la cama y me puse el pantalón corto del pijama. En realidad me los puse porque esta semana esta mi primo Israel en casa, ya que yo no acostumbro a usar pantalón si estoy en casa con mis padres y mi hermano, siempre estoy en bóxers, pero me da mucha vergüenza si hay algún familiar que no sean ellos. Mis padres me miraron y Thomas dijo:                                                                                                 -¡¿Qué horas son estas?!
-Las que me da la gana a mí, idiota. –le respondí.
–Cuida esa lengua y no le hables así a tu hermano, Alex. –dijo mi padre con un tono de enfado.
–Papá, mamá… Siento haber llegado tan tarde anoche pero es que una cosa me llevó a la otra y… ¡pero estuve todo el tiempo con Chris! –dije yo, con la intención de que me sirviera de excusa.
-No pasa nada Alex, ya tienes una edad y eres responsable de tus actos. –dijeron los dos al unísono, como si lo tuvieran estudiado antes de haber empezado la conversación.
–Muchas gracias por comprenderlo. Por cierto, ¿eso significa que me subiréis la paga?–dije, aprovechando el momento a ver si colaba.
–Déjame pensar… ¡No! –dijo mi padre.
–Por lo menos no pueden decir que no lo he intentado.  –dije.
-No te vuelvas a meter en donde no te llaman. –le dijo mi madre a mi hermano, con respecto al comentario que hizo cuando entré en la sala. 
Me reí. Él me miró mal. Me senté en la mesa y mamá me sirvió la comida. Por cierto, lo que había preparado no era ni estupendo ni sorprendente, era estofado. Odio el estofado. En ese momento entro Lucky, mi perro, y pensé que cuando mis padres no mirasen, le daría mi comida. Así lo hice. Devoró el plato como si no hubiera un mañana. Lo puse en la mesa y le dije a mi madre que ya había terminado. Cogí un trozo de tarta de la nevera y me volví a mi cuarto. Cuando me disponía a subir las escaleras, me di cuenta de que no había visto a mi primo en la cocina. Le pregunté a mi madre por él y me dijo que mientras yo estaba de fiesta ayer, lo habían venido a buscar sus padres porque se sentía un poco mal. Que mal, pensé. Me encanta estar con mi primo y jugar con él en el patio a lanzarle el boomerang a Lucky. Por fin pude entrar en mi habitación y comerme tranquilo el trozo de tarta. Me senté en el escritorio, delante de mi portátil. Cuando me acabé la tarta, me recosté en mi cama, aún sin hacer, y me puse a pensar en lo que había hecho anoche. No sé porque pero me costó mucho acordarme. Recuerdo que estaba en casa de Chris viendo una peli. Él recibió una llamada y cuando colgó me dijo que había una fiesta en casa de Fred, uno de sus amigos al que yo no conozco. Recuerdo que fuimos a la fiesta y estuvimos allí toda la noche.                                                                                                                                                                               -No sé por qué rayos no consigo acordarme de nada más. –dije en voz alta.
Estaréis pensando que es porque me habré emborrachado, pero yo nunca bebo, no después de lo que le ocurrió a James.