Esa mañana me levante
muy contento.
Cuando abrí los ojos,
me encontré con que Chris se había quedado dormido en mi cama, aunque él tenía
la suya en el otro extremo de la habitación. Cuando lo vi, me acordé de todo lo
que habíamos hecho la noche anterior. Sonreí. Lo desperté. Al ver que no
respondía, lo dejé seguir durmiendo.
Bajé a la cocina para
preparar un desayuno. No oí la tele ni las consolas. Thomas aún estaría
durmiendo.
Me encanta cocinar, mi
especialidad son los postres, como por ejemplo, las tartas, los bizcochos y los
creps y demás comidas para el desayuno. Preparé tortitas con zumo de naranja.
Acababa de poner la mesa cuando vi que Chris se había levantado.
–Buenos días, bella
durmiente –dije yo con tono burlón -.
–Nos hemos levantado
contentos hoy, ¿no? –me contestó él -.
–Que bien lo pasamos
anoche, ¿verdad? –pregunté yo-.
–Sí, fue muy divertido
–dijo, con un tono un poco triste -.
-¿Te pasa algo?, te
noto raro… -la verdad es que le notaba muy raro -.
–No, no es nada. Es
solo que no dormí muy bien anoche, nada más –contestó él, con un tono ya un
poco más amable -.
–Bueno, pues será eso.
Mira el pedazo de desayuno que he preparado con mis propias manos –dije,
orgulloso de lo que había cocinado -.
–Que pinta tiene todo,
como siempre, te ha quedado estupendo –dijo Chris. La verdad es que su
comentario me alegró mucho.
Terminamos de
desayunar. Thomas se levantó. Lo primero que hizo fue ir a la cocina, coger un
vaso de zumo de naranja y conectar la Wii para ponerse a jugar.
–Cuando uno se levanta,
da los buenos días, sobre todo si hay visita, enano. –dije yo muy enfadado -.
Lo único que Thomas hizo fue ponerse los cascos y jugar a la dichosa consola.
Eso me irritó aún más. Iba a echarle la bronca pero Chris me paró y me dijo que
lo dejara, que no tenía importancia.
Nos fuimos a mi cuarto. No podíamos salir de casa hasta
que no volvieran mis padres de trabajar. Decidimos ponernos a jugar a la Play.
Y como no, a la mitad que nos queda del GOW. Durante la partida, hubo un
momento en el que noté que Chris, se iba a echar a llorar. Le iba a preguntar
que le pasaba, pero se levantó y se fue al baño antes de que de mi boca saliera
una palabra.
- ¿Estás bien Chris? Te
noto raro desde el desayuno… -le pregunté preocupado -.
–No, Alex, no estoy
bien. –me confesó él -.
– ¿Y qué te pasa?
–volví a preguntar -.
–Lo siento, Alex, no me
atrevo a decírtelo. Olvidémoslo. Por favor. –me pidió él -.
–Vale, pero si alguna
vez quieres hablarlo, aquí estoy yo. –le recordé -.
Seguimos jugando a la
Play como si nada hubiese ocurrido.
Oí que mis padres
llegaron, pero nos lo hicieron solos. Era la madre de Chris que venía a
buscarlo.
-Vamos, Chris. Tenemos
cita con el dentista, recuerdas. –dijo Eva, la madre de Chris.-
-Buff, dentista, que
asco, los odio. –dijo Chris, con cara de asco.-
-Bueno Chris,
encantados de tenerte en nuestra casa, vuelve cuando quieras. –dijo mi madre.-
-Chris, ven un momento.
–le dije yo, quería hablar con él sobre el incidente del baño.-
-Sí,
ya voy. –me contestó él.-
-Oye,
Chris, si necesitas hablar de lo ocurrido en el baño, cuenta conmigo, eres mi
amigo y lo comprenderé, sea lo que sea. –dije yo.-
-Muchas
gracias, Alex. Eres un buen amigo. –me dijo él, me hizo enrojecer.-
-De
nada. Ya sabes. –dije.-
-Sí,
cuando esté preparado te lo cuento. –me respondió él.-
Después
de eso, no volvimos a vernos hasta pasados dos o tres días.