Capítulo 1
Creo que ya era la hora de comer cuando me desperté.
Lo sé porque oí un ruido como de platos chocando entre sí y a la voz de mi
padre preguntándole a mi madre que con que estupenda comida nos iba a
sorprender hoy. Mis padres son unas
personas muy buenas conmigo y con mi hermano Thomas, nos compran casi todo los
que les pedimos, y a veces me parece que no los tratamos como deberíamos, pero
bueno, somos niños ¿no? Mi madre es con
quien mejor me llevo, aunque siempre estemos peleándonos, no podemos vivir el
uno sin el otro. Esto no me pasa con mi padre, ya que él trabaja mucho cuando
yo estoy en casa, al contrario que mi madre que sale de trabajar cuando yo
salgo del instituto, pero no os confundáis, los quiero a los dos muchísimo y
por igual. Me levanté de la cama y me puse el pantalón corto del pijama. En realidad
me los puse porque esta semana esta mi primo Israel en casa, ya que yo no
acostumbro a usar pantalón si estoy en casa con mis padres y mi hermano,
siempre estoy en bóxers, pero me da mucha vergüenza si hay algún familiar que
no sean ellos. Mis padres me miraron y Thomas dijo: -¡¿Qué
horas son estas?!
-Las que me da la gana a mí, idiota. –le respondí.
–Cuida esa lengua y no le hables así a tu hermano,
Alex. –dijo mi padre con un tono de enfado.
–Papá, mamá… Siento haber llegado tan tarde anoche
pero es que una cosa me llevó a la otra y… ¡pero estuve todo el tiempo con
Chris! –dije yo, con la intención de que me sirviera de excusa.
-No pasa nada Alex, ya tienes una edad y eres
responsable de tus actos. –dijeron los dos al unísono, como si lo tuvieran estudiado
antes de haber empezado la conversación.
–Muchas gracias por comprenderlo. Por cierto, ¿eso
significa que me subiréis la paga?–dije, aprovechando el momento a ver si colaba.
–Déjame pensar… ¡No! –dijo mi padre.
–Por lo menos no pueden decir que no lo he
intentado. –dije.
-No te vuelvas a meter en donde no te llaman. –le
dijo mi madre a mi hermano, con respecto al comentario que hizo cuando entré en
la sala.
Me reí. Él me miró mal. Me senté en la mesa y mamá
me sirvió la comida. Por cierto, lo que había preparado no era ni estupendo ni sorprendente,
era estofado. Odio el estofado. En ese momento entro Lucky, mi perro, y pensé
que cuando mis padres no mirasen, le daría mi comida. Así lo hice. Devoró el
plato como si no hubiera un mañana. Lo puse en la mesa y le dije a mi madre que
ya había terminado. Cogí un trozo de tarta de la nevera y me volví a mi cuarto.
Cuando me disponía a subir las escaleras, me di cuenta de que no había visto a
mi primo en la cocina. Le pregunté a mi madre por él y me dijo que mientras yo
estaba de fiesta ayer, lo habían venido a buscar sus padres porque se sentía un
poco mal. Que mal, pensé. Me encanta estar con mi primo y jugar con él en el
patio a lanzarle el boomerang a Lucky. Por fin pude entrar en mi habitación y
comerme tranquilo el trozo de tarta. Me senté en el escritorio, delante de mi
portátil. Cuando me acabé la tarta, me recosté en mi cama, aún sin hacer, y me
puse a pensar en lo que había hecho anoche. No sé porque pero me costó mucho
acordarme. Recuerdo que estaba en casa de Chris viendo una peli. Él recibió una
llamada y cuando colgó me dijo que había una fiesta en casa de Fred, uno de sus
amigos al que yo no conozco. Recuerdo que fuimos a la fiesta y estuvimos allí
toda la noche. -No
sé por qué rayos no consigo acordarme de nada más. –dije en voz alta.
Estaréis pensando que es porque me habré
emborrachado, pero yo nunca bebo, no después de lo que le ocurrió a James.
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