-Alex, es hora de
cenar. ¿Bajas o comes en tu habitación? –dijo mi madre desde la cocina.
La verdad es que no
tenía hambre pero bajé a comer a ver si así me olvidaba un poco de todo lo que
había sucedido.
-Ya bajo mamá.
Bajé. En la mesa sólo
estaban mis padres.
-¿Dónde está Thomas?
–pregunté yo.
-Alex, te dije esta
mañana que tu hermano se fue ayer a casa de Israel.
-Ostras es verdad.
–claro, con todo esto ya ni me acordaba.
-Que cabeza. ¿A quién
habrás salido?
-A ti cariño. –le dijo
mi padre a mi madre.
Creo que ellos
siguieron con la conversación, pero yo ya estaba en mi mundo. Pensando.
-Mamá, ¿sabes ya lo de
Chris y sus padres? –interrumpí yo.
-Si cariño. No quería
recordártelo para no amargarte la cena.
-¿Por qué les habrán
secuestrado?
Nadie me contestó.
Terminé de cenar y me
subí a mi habitación, como siempre.
No sabía qué hacer.
Estaba muy confundido. Entre el secuestro de Chris y la aparición de Leire, no
sé qué hacer. No sé qué pensar. Y también está lo de las llamadas.
Volví a casa de Chris,
para ver si encontraba alguna pista.
¿No os ha pasado que a
veces tenéis la sensación de que os están persiguiendo?
Pues tenía esa
sensación en ese momento. Miré a todos los lados, pero no había nadie. Al menos
que yo viese.
Llegué lo más próximo
que pude a la casa de Chris. Otra vez esa sensación.
-¡DIOSSSS! –era mi
teléfono. Que susto.
-¿Quién es?
-Quién va a ser.
Esa voz otra vez. ¿Qué
querrá ahora?
-Vete de ahí ahora
mismo.
-¿Por qué?
-No hagas preguntas y
vete. Hasta la plaza, rápido.
-Vale.
Hice caso y me voy fui
a la plaza.
Otra vez el teléfono.
-Sí, aquí no te harán
daño.
-¿Qué dices?
-Nada. Te estaban
vigilando.
-¡¿Quién?!
-No estás preparado
para saberlo. Por ahora, no te acerques a la casa de Chris. Es más, no te
acerques ni a la calle.
-Pero, ¿por qué?
-Alex, tu solo obedece.
-No te conozco de nada,
¿por qué tendría que hacerte caso?
-No tienes que hacerlo
si no quieres. Pero por algo lo has hecho hasta ahora, ¿no?
-Sí, ya pero,..
-Bueno, pues hazme
caso.
-Estoy harto de que me
cuelgues. –lo dije en voz alta. Todos en la terraza me miraban.
Me senté en la terraza
y me pedí un refresco.
Cuando me fijé, Leire
se estaba acercando. Empecé a ponerme rojo.
-¡Ho..Hola! –dije yo
muy cortado.
-¡Hola Alex! ¿Qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-Muy bien. Quería dar
una vuelta.
-¿Quieres acompañarme?
Yo te invito.
-Vale. Muchas gracias.
Pidió un refresco.
Estuvimos hablando de todo un poco. Primero de cómo le había ido el
bachillerato. Después me preguntó cómo me había ido a mí todo este tiempo. Y
por último acabamos por hablar del accidente.
-Si no le hubiera
dejado conducir.
-No te tortures, no es
culpa tuya. Ya sabes cómo era James, sobre todo contigo.
-Era la mejor persona
que he conocido nunca.
Entonces se me cayeron
unas lágrimas. Y Leire también empezó a llorar. Yo me levanté porque no puedo
ver llorar a una mujer. La abracé. Y… me besó. Fue el beso más maravilloso que
me han dado.
-¿Qu…Qué haces?
-Besarte. Alex, te
quiero. Me gustas. No he dejado de pensar en ti mientras estaba en Manchester.
-¿Me lo dices en serio?
-Muy en serio. Te
quiero.
-Yo también te quiero.
La besé. Me besó. Nos
besamos.
La acompañé hasta su
casa.
-Qué día más extraño.
–dije yo
-Sí, mucho. Esta mañana
cuando me desperté no pensé que fuese a terminar el día con novio.
-Sí, yo tampoco.
Nos besamos hasta que
su madre la llamó.
-Me tengo que ir. Te
quiero. Nos vemos mañana.
-Hasta mañana princesa.
-¿princesa? ¿En serio?
-Adiós.
-Caminé hasta mi casa
mientras pensaba en todo.
Llegué. Estaban todos
durmiendo.
Me quedé dormido viendo
la tele.
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