No pude dormir.
No dejé de pensar en ningún momento quienes son los hermanos de Leire y James.
Sobre las 8 de
la mañana recibí una llamada. Era Leire.
-H-Hola cariño
-Hola, Alex.
-¿Y esta
llamadita tan temprano?
-No sé, he
tenido muy mala noche y quería oír tu voz.
-¿Y qué te ronda
por esa cabecita que no te ha dejado dormir?
-No sé, es que
hoy es el cumpleaños de James y ya sabes… le echo mucho de menos.
Ostias!!! El
cumpleaños de James. Claro, con todo esto de que su hermana me odia, se me
había pasado.
-No se te habrá
olvidado, ¿no?
-Por supuesto
que no, cari.
-Bueno, pensé
que te gustaría que fuéramos juntos a llevarle flores a su tumba, si te parece.
-Claro que sí. ¿Te
recojo a las 12:00?
-Vale. Yo compro
las flores.
-Vale cariño.
Hasta después.
-Adiós.
Como se me había
podido olvidar el cumpleaños de James.
Bueno, todavía
quedaban unas horas, así que empecé a prepararme. Mientras me duchaba, pensaba
en como Leire me había hablado por teléfono. Su voz no sonaba como siempre.
Aunque se quiera vengar de mi, creo que le duele recordar a su hermano.
Bajé a la
cocina, me hice unas tostadas y salí a buscar a Leire. Como todavía eran las
11:00 me di una vuelta por la casa de Chris. Todo estaba como siempre. Acordonado
por la policía. Pero me di cuenta de que la puerta tenía el cordón policial
roto. Entré.
No se me podía
haber ocurrido peor idea. En cuanto entré, me fijé en todas las fotos que tenía
la familia. Fotos de Chris, de sus padres… Subí a su habitación. Pocas veces
había estado allí. Normalmente quedábamos en mi casa. Su habitación no estaba
como yo la recordaba. Ahora estaba llena de fotos nuestras. Por todas partes.
Con las lágrimas
en los ojos, salí de la casa y me fui a la de Leire. Ella me esperaba en la
puerta.
-Hola cariño.
-Hola, Leili.
Me dio el beso
más falso que alguien podía dar. A lo mejor siempre eran así y no lo había
notado hasta ahora.
-¿Qué tal estás,
cariño?
-Bueno, creo que
bien. Todavía no me acostumbro a pasar por su habitación y que no esté su
música a todo volumen.
-Sí. Te acuerdas
aquella vez…
-No, no me hagas
recordar momentos con él porque no sé si los podré soportar.
-Vale, vamos.
Fuimos en
silencio durante todo el camino. Y, creo que, aunque quisiésemos decir algo, no
nos hubieran salido las palabras.
Llegamos al
cementerio. Caminamos hacia su tumba. Pusimos las flores y nos quedamos en
silencio mirándola durante más de media hora. Yo no hacía más que recordar cada
momento vivido con él. Todos felices.
Empecé a notar
que Leire ya no aguantaba más y, aún sabiendo lo que quería hacerme, la abracé.
Lloró desconsoladamente sobre mi hombro. Intenté no llorar yo también. No
delante d ella.
-Bueno, vamos
yéndonos ya –dijo mientras se secaba las lágrimas con la manga de su suéter-.
-Sí, vamos.
Y entonces,
empezó todo.
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