Llegué sin darme
cuenta hasta la plaza otra vez. Me encanta esta plaza. Es donde pasaba la mayor
parte del tiempo con James y Leire. Que buenos amigos éramos. Y míranos ahora,
Leire y yo saliendo juntos y James, bueno James, ya sabéis.
-Bueno ya que
estoy me siento a tomar un helado.
-¿Qué te pongo
chaval?
-Sí, un doble de
chocolate y chicle con caramelo por favor. -mi favorito.
Me senté en la
terraza. Pasaron dos horas hasta que me acordé de que mi preciosa novia estaba
enferma. La llamé, pero antes de que pudiera hacerlo me llamaron a mí.
-¿Si?
-Soy yo. Perdón
por no llamarte antes, es que tenía que arreglar unas cosas.
-Me has dejado
toda la tarde con la duda.
-Sigue con tu
helado, cuando tengas un hueco y estés solo te cuento lo que quería decirte.
-Ahora estoy
solo.
-No, date la
vuelta.
-Hola cariño
mío.
-Hol…Hola mi
amor.
-¿Cómo lo has
sab…? Otra vez.
-¿Con quién
hablas?
-Con nadie, se
han equivocado.
-¿Qué tal estás?
¿Te sientes mejor?
-Si un poco, sí.
-Me alegro
cariño.
Me esbozó una
sonrisa.
-Solo he venido
para ver como estabas después de dejarte plantado.
-Ah no te
preocupes por eso, lo primero es la salud.
-Que atento eres
conmigo, Alex, te quiero un montonazo.
-Y yo a ti mi
vida.
-Bueno cari ya
me voy que si no me pongo peor.
-Vale adiós.
Nos besamos. Fue
un beso rápido.
Me fui a mi
casa. Eran las siete y media, mis padres aun no llegarían.
El teléfono otra
vez.
-¿Me cuentas
algo ya o qué?
-Si vale. Pero
que no te extrañe que no le encuentres ningún sentido, ya que hay cosas que aún
no te puedo contar.
-Vale. Habla.
-Por ahora lo
único que te puedo decir es que todo gira en torno a alguien muy cercano a ti.
Esta persona es la culpable de la desaparición de Chris y de sus padres. Aunque
estos no tengan nada que ver, pero no quiere dejar sospechas. Otra cosa, esto
también tiene que ver con lo de que no te acuerdes de nada cuando te vas de
fiesta. Sé que es poca información, pero es lo máximo que te puedo dar por
ahora.
-Muchas gracias
de verdad. Por lo menos esto estrecha el círculo.
-Y te sigo
diciendo, no te fíes de nadie. Absolutamente de nadie.
-Lo tendré en
cuenta. Una pregunta, ¿yo te conozco?
-No. No me
conoces como deberías. Hasta la próxima llamada Alex.
-No esper… Esto
de que me cuelgue me toca la moral de una manera…
Llegaron mis
padres. Traían a mi hermano y también pizza. Cenamos. Todo fue normal.
Subía a mi
habitación. Probablemente, a ti te pase lo mismo. ¿No crees que tu habitación
es como tu santuario? O sea, entre los posters de tus ídolos y el desorden, ¿no
te sientes a salvo? Yo sí. Y mucho. Por eso me encanta estar aquí.
Recuerdo cuando
tenía 4 años…
-Bueno Alex,
sube a la parte de arriba y elige la habitación que más te guste.
-Está bien mamá.
Subí corriendo.
Recuerdo que en el séptimo escalón me tropecé y me hice daño, pero no me
importó porque estaba muy nervioso por ver las habitaciones que había.
Las vi una por
una, inspeccionando cada rincón, cada azulejo, buscando el más mínimo fallo
para cambiar de habitación hasta llegar a la perfecta.
Cuando entré en
mi actual habitación, me quedé muy sorprendido. Había una gran ventana redonda al
final del cuarto. Por esa ventana entraban unos rayos de sol que dibujaban en
el suelo una especie de “A” vuelta del revés. Desde que vi esa “A” supe que esa
sería mi habitación.
Volviendo a la
realidad, no podía dejar de pensar en quien sería el culpable del secuestro de
Chris y de mis pérdidas de memoria en las fiestas. Y cuál sería su motivo. Es
que no lo llego a entender. Yo no he hecho nada malo contra alguien en toda mi
vida, o ¿sí?
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