Otra cosa, hace poco gané un concurso que realizó mi tuto en colaboración con el ayuntamiento. Era de escribir un relato de amor. Y resulta que, pues eso, gane. El 1er premio. Yujuu... Os lo dejo aquí para ir abriendo boca hasta que empieze otra vez a escribir. Decidme que os parece en los comentarios de esta entrada, o en mi querido y asdfghasdfgh Twitter: @KevinDel98.
(El titulo promete, jejejeje)
Lo
Bueno del Amor
Oí el
despertador. Eran las siete de la mañana. Esto debería estar prohibido, pensé.
Me levanté y me fui directo a la ducha. Cuando terminé me sentí más despierto.
Fui a desayunar, me preparé un vaso con leche y unas tostadas. Me iba a meter
en la boca la última cuando oí que llamaban al timbre. Era David, me venía a
buscar para ir juntos al instituto. El primer día en tercero de la ESO.
Caminábamos
despacio. Nos paramos a mirar los escaparates de las librerías, estaba expuesta
ya la segunda parte de los libros que nos habían “enganchado” durante el
verano. Cuando nos dimos cuenta eran las
ocho y diez, ¡nos quedaban cinco minutos para llegar al instituto y estábamos
todavía muy lejos! Empezamos a correr para no llegar tarde. Iba mirando a
David, y no vi lo que me iba a suceder. Oí que David me gritó. Choqué con algo
y caí al suelo sin poder ver con que lo había hecho, pero por lo blando que
estaba seguro que no era un qué sino un quién. Iba a llamarlo patoso y que
mirara por donde iba, pero cuando le vi la cara no me salió nada de la boca.
Era preciosa. No podía decirle nada. Le
recogí sus libros, me levanté y se los entregué.
-Lo siento, estaba distraída –dijo-.
–No,
perdóname tú. Estaba hablando con David mientras corríamos para… -en ese momento
me acordé de que llegábamos tarde-.
–Nos
tenemos que ir David, llegamos muy tarde –dije mientras la miraba-.
–Sí, yo
también llego tarde –dijo ella-.
Entonces
nos fuimos cada uno por su lado.
Por fin
llegamos al instituto, tardísimo, claro. Nos echaron una bronca monumental y
nos castigaron durante una semana.
El
primer mes de instituto había pasado. Durante todo ese tiempo no pude dejar de
pensar ella, su pelo, sus ojos, su voz, sus manos suaves. Creo que estaba
enamorado.
El primer día del nuevo mes, el profesor nos
dijo que tendríamos a una alumna nueva entre nosotros. Dijo que estaba
matriculada desde el principio de curso, pero que no había asistido este mes
porque un pariente suyo había muerto y como vivía en otro país tuvieron que
viajar y enterrarlo allí. Jamás olvidaré ese momento. Se abrió la puerta y la
vi. Era ella, la misma con la que me había chocado un mes atrás. Vi que al lado
mío había un sitio libre. Recuerdo que recé a más no poder porque se sentara a
mi lado. Cerré los ojos mientras lo hacía. Cuando los abrí, estaba en el
pupitre de al lado. ¡Bien!, pensé. ¡Gracias!, dije para mis adentro. La miré,
me miró y supe que me había reconocido. Se sorprendió de verme ahí, a su lado,
mirándola.
Pasaron
los días, y ya había conseguido que ella y yo fuéramos muy amigos. Después de
muchos intentos con el espejo de mi cuarto, me atreví a pedirle una cita.
Cuando se lo había pedido, oí mis palabras en mi cabeza y me sonaron tan cursis
que pensé que me iba a decir que no. Ya me había preparado para salir corriendo
cuando oí su preciosa voz diciendo:
-Claro
que sí. Pensé que nunca me lo ibas a
pedir-.
–¡¿En serio?!
–pregunté, no me lo creía-.
–Sí, en serio-
dijo ella-.
En ese
momento empecé a saltar de alegría, hasta que me di cuenta de que estaba
saltando como una niña desesperada delante de ella y de todo el instituto.
Paré. Me sonrió.
Esa cita
fue todo un éxito. Seguimos quedando,
hasta que al final decidimos salir juntos, en plan novios.
Pasaron
los años y seguíamos juntos, pero no como antes. Ya no estábamos siempre juntos
como lo estábamos antes. Las cosas no iban bien. Un día tuvimos una fuerte pelea y nos enfadamos
mucho. Tanto, que no nos volvimos a ver
hasta pasada unas semanas.
Yo la
seguía queriendo y no quería que esto terminase, pero tuvimos que hacerlo, ya
no nos entendíamos, peleábamos mucho,…
Al
principio, me sentí fatal, no comía, no dormía y si lo hacía tenía pesadillas,
pensaba en ella todo el tiempo, no me creía que después de tantos años juntos
lo hubiésemos dejado.
Lo único
que me consolaba era leer. Leí mil libros, hasta que leí uno que me hizo
comprenderlo todo. Gracias a ese libro entendí que no todo es para siempre, y
lo nuestro, no lo era.
Lo que
leí en ese libro fue que la vida no se para por nadie, que somos infinitos, que
no hay que dejar que los malos momentos te arruinen la vida y que lo bueno que
tiene el primer amor es que es el primero de muchos.
Kevin
Mora Valeriano
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